En apenas unos días lucirá 42 años, de los cuales los últimos 18 transcurrieron ante las cámaras desde que en 1993 hizo sus pinitos en la local de Arrasate para pasar en un suspiro a Euskal Telebista, poco después a Tele 5 para Una pareja feliz, con Valerio Lazarov, antes de recalar finalmente en Televisión Española para presentar en 1997 el concurso Maridos y mujeres, de nuevo con el realizador de origen rumano. En ese mismo año se hizo cargo del magacín Corazón (y ahí sigue), alternándolo años después con ¡Mira quién baila! Súmense galas, presentaciones, campanadas y otras apariciones para concluir que esta vasca de Elorrio es actualmente el icono más sobreexpuesto al pantallazo en España, al margen la nutrida fauna de Frikilandia, con la que compararla sería injusto y de mal gusto.
Y eso que esta huérfana de madre desde la adolescencia, que muy joven se fue a Estados Unidos para especializarse en mercadotecnia industrial además de residir en varios países (y por tanto políglota), divide su parroquia entre fieles y detractores, de tomarse como referencia la jungla de Internet. En el punto de mira de los chácharas (que le achacan numerosos ligues más o menos duraderos), Igartiburu puede acabar víctima del hastío catódico, eso tan común de verla hasta en la sopa. Intentó sus pinitos como actriz, pero ahí sus cualidades no dan para tanto como en la tele. Es lo que hay y reluce.