Jorge Javier Vázquez, encantado de sí mismo

Miguel Anxo Fernández

TELEVISIÓN

18 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Es el presentador más satisfecho de haberse conocido después de lograr el milagro de afianzar a Telecinco como la máquina perfecta de fabricar telebasura frente a su competidora Antena 3, escarbando en las miserias del Frikilandia Show para entretener a una audiencia que por lo visto le está muy agradecida, de ahí su liderazgo.

Buena parte de ese mérito habrá que atribuirlo a Jorge Javier Vázquez y a su álter ego, Belén Esteban, por mucho que aquel sea todo un licenciado en filología hispánica y la madrileña simple carnaza mediática. Aunque, ojo, a saber si Esteban no es realmente la botella de oxígeno del catalán. Va la respuesta del millón: ¿hay vida catódica para él después de Belén?

Pero antes del tsunami Esteban, en el 2009 le concedieron a Jorge Javier Vázquez el Premio Ondas con lo cual el jurado envió un misil a la línea de flotación de tan prestigioso galardón. Tanto que hubo mosqueo generalizado y los discrepantes con la decisión (el periodista radiofónico Carles Francino y el cantante Peret, entre ellos) probaron el aguijón viperino de Vázquez. Nadie cuestiona su desparpajo (la Wikipedia asegura que chupa cámara desde 1997, como colaborador en Antena 3), pero su deriva está entrando en una fase preocupante. Léase, después de esto quizá la nada.

Que Telecinco le haya erigido en bombero de su parrilla vespertina con Sálvame para prolongarlo a generosas dosis nocturnas de Sálvame Deluxe, indica que se ajusta al tono buscado por la privada de Fuencarral. No es de extrañar que se lo crea hasta el extremo de enseñar a la audiencia su brazo atornillado en una muestra de impúdica desvergüenza. Son estos sus días de gloria y rosas, pero como todo lo que sube también baja, Jorge Javier Vázquez quizá haría bien en repasarse el Exemplo X en el que el conde Lucanor en su famoso libro, hablaba a Petronio sobre la pobreza y aquello del más pobre todavía que se comía las cortezas de los altramuces que otro infeliz dejaba...Moraleja.