María Esteve se siente muy cómoda en la serie, en la que trabaja también una de sus mejores amigas, Natalia Verbeke -¿Cuándo decidió convertirse en actriz? -Desde muy pequeña. Siempre había soñado con la danza, que es otra profesión frustrada de alguna manera. Pero desde pequeña he sido muy teatrera. -Eligió un camino difícil porque la sombra de su madre tiene mucho peso. -Sí, pero he demostrado con creces mi trabajo. He ganado confianza y he tratado de mantener la historia familiar totalmente al margen de mi carrera porque hay cosas que si las piensas son tan fuertes que no las haces. Me centro en pulirme para defenderme a mí misma, para ser seria en mi profesión y progresar en un oficio que amo. -¿Fue duro abrirse camino en la profesión? -Hay mucha competencia y gente preparada. Y en la televisión y en el cine no se la juegan, quieren resultados inmediatos. Y luego hay doscientas niñas más jóvenes que tú que ahora son las parejas de los muchachos con los que nosotras interpretábamos hace cinco años. En esta profesión es difícil llegar y mantenerse.