El caso de la inglesa Jade Goody, que ha vendido la exclusiva de su muerte o el programa «La Caja» reabren el debate sobre la ética en la televisión
22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Jade Goody es una joven inglesa de 27 años. Padece un cáncer terminal y ha decido vender su boda y su muerte a la televisión. Hoy se casará delante de las cámaras y lo hará con un vestido de novia que tendrá un bolsillo o bolsa añadida en la que llevará calmantes para paliar los dolores de la enfermedad durante la ceremonia.
Goody alcanzó notoriedad en la versión británica de Gran Hermano , en donde destacó por su comentarios racistas y su lenguaje soez. Una revista y dos televisiones le van a pagar más de un millón de euros por mostrar los últimos días de su vida. El documental sobre este episodio vital lleva por título El progreso de Jade . «Hay algo horroroso, maligno en esta elección, porque juega con el equívoco del nombre de la protagonista - una piedra semipreciosa- y el progreso de su enfermedad». Lo dice Manuel Fernández Blanco, psicoanalista clínico, en un primer apunte sobre debate abierto sobre los límites éticos en televisión. «Es un paso más. Cuando las relaciones sexuales y las infidelidades ya no venden hay que ir más allá y mostrar el horror, que adquiere valor de mercancía».
Fernández Blanco achaca a «la pérdida de valores» la explicación de que casos como el de Jade hayan adquirido una notoriedad pública que no tiene fronteras. «Vivimos en una sociedad en la que el morbo vende y se ha perdido el sentido del pudor y lo íntimo», según explica José Ramón Pan, experto en temas éticos. «No nos damos cuenta del precio que vamos a pagar. La televisión es un medio de gran influencia y generaciones enteras van a crecer creyendo que no hay nada fuera del comercio».
Jade Goody ha declarado que todo lo hace por garantizar el futuro de sus hijos, de dos y cinco años. «Que una enferma terminal piense en sus descendientes es disculpable, pero crea un mal precedente. Vender la muerte es una mala práctica», según Esperanza Guisán, catedrática de Ética de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidade de Santiago. «La parte que puede salvar esta historia es su vertiente altruista, el dejar resuelto el futuro de sus hijos. Pero Jade puede hacerlo porque se exhibió antes en un programa como G ran Hermano », explica Fernández Blanco.
?Psicología televisiva
Telecinco estrenó hace un mes un nuevo formato en la madrugada de los martes. Se trata de La caja, en el que «una persona vive una sesión de terapia psicológica personalizada en el más increíble de los escenarios, una caja gigante», según anuncia la cadena en la página web del programa. El espacio funciona en términos de audiencia, pero ha sido muy cuestionado por sus contenidos. «No es más que un reality encubierto, que se ampara en una pretendida ayuda psicoterapéutica, que no es tal, porque ni es íntima ni está sujeta al secreto profesional» en opinión del psicólogo clínico Manuel Fernández Blanco. El programa cuenta con el asesoramiento de seis especialistas del Colegio de Cataluña, un órgano que ha querido desvincularse de los contenidos de este espacio y que está elaborando un informe para determinar si los profesionales que trabajan en La Caja vulneran algún principio ético o profesional.
Otro caso que ha suscitado gran polémica ha sido el de Cyril Jacquet, que abandonó La vuelta al mundo en Antena 3 después de conocerse que con 15 años mató a sus padres. La cadena no explotó el lado morboso de la historia. Incluso el programa ha desaparecido del horario de máxima audiencia en la noche de los domingos, pero varios medios ya han tentado a su protagonista con ofertas para que visite algún conocido plató televisivo.