Víctimas gallegas del terrorismo: «Las secuelas nunca se van»

rodri garcía A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Un homenaje en Malpica al primer asesinado por ETA cerrará hoy las jornadas que se celebran en A Coruña

04 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«Eso te hace volver al recelo a la hora de salir a la calle, te hace volver a sentir desconfianza hacia un coche que te parece que te viene siguiendo; nos pasó el día que detuvieron a esos cuatro jóvenes con las bombas: íbamos para Pontedeume y un coche que venía detrás se iba desplazando igual que nosotros y era pura coincidencia». Esto relataba ayer Vicente Chousa Basanta, uno de los 70 gallegos víctimas directas del terrorismo reunidos en A Coruña desde la noche del pasado viernes hasta hoy. El encuentro concluirá esta mañana con un desplazamiento a Malpica para asistir a una misa en recuerdo de la primera persona asesinada por ETA, el guardia civil Pardines Arcay.

Entre estas víctimas «tenemos de ETA, que es el mayor porcentaje, del Exército Guerrilheiro, del Frente Polisario, de los Grapo, una gran variedad», explicaba Antonio Suárez Bujía, presidente de la Asociación Gallega de Víctimas del Terrorismo, que organizó estas jornadas. Bujía, víctima de un atentado de ETA, explicaba que el objetivo es «concienciar a las víctimas y a la población sobre la situación en la que estamos».

Sobre el terrorismo de ETA «lo vemos todo muy negro, esto no se termina, esto es un parón y como no consigan lo que llevan pidiendo, que todos lo sabemos, pensamos que ETA va a volver a matar», augura Bujía.

En cuanto a los últimos detenidos en Galicia, añade: «Son cuatro, no tienen infraestructura ninguna, pero pueden hacer mucho daño, de hecho llevaban unas buenas bombas que harían mucho daño».

En el mismo sentido opinaba Francisco Zaragoza Lluch, presidente de la Asociación de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Víctimas del Terrorismo. Las indemnizaciones, «que están más o menos bien», las condecoraciones, «a veces hay tres víctimas en un atentado y a una se la condecora y a las otras dos no», y las pensiones son los tres puntos que más preocupan a este colectivo, según Zaragoza.

Las secuelas

«Las secuelas nunca se van», insistía Vicente Chousa mostrando algunas de ellas, tras relatar : «Sufrí un atentado en 1981 en la variante del cuartel de Loyola: nos pusieron una bomba y nos deshicieron la furgoneta causándome traumatismo craneoencefálico y contusiones por todo el cuerpo». Años después, en Ferrol, «tuve otro, cuando el Exército Guerrilheiro había puesto una bomba a la estatua de Franco».