Para Eduardo Santoro, el padre de Tamissa, la joven muerta el miércoles en un atropello en A Coruña, no existía ayer consuelo. «No sé si seré capaz de vivir sin mi hija», decía en el tanatorio. «Y más difícil aún lo tendrá su madre. Era su hija y su amiga», destacaba en el cementerio de Feáns, en donde fue enterrada la joven.
Eduardo no perdona a Alberto Píriz, el hombre que arrolló a Tamissa cuando, según el atestado de la Policía Local, conducía en estado ebrio. Solo acertaba a decir: «Ese hombre mató a mi hija, que lo pague encerrado muchos años en la cárcel». A Eduardo Santoro le dolió mucho que ni Alberto Píriz ni su familia «nos llamasen para pedirnos perdón por lo que había hecho».
Tamissa salió de Brasil hacia A Coruña cuando tenía solo 8 años y de esto hace ya 15. «Aquí estudió ESO y ya se puso a trabajar», contó Eduardo. Su último contrato fue en Alcampo. «La mataron cuando más planes tenía: su boda», afirma el progenitor.
A su lado, en el cementerio, estaba Felipe Agrelo, el novio de su hija. El joven siguió las honras fúnebres sentado en una silla de ruedas. Las lesiones sufridas en el atropello eran evidentes, en la cara, en la cabeza... Lloraba y temblaba. «Estoy bien», decía entrecortado. Su padre lo consolaba. No se acuerda de casi nada del accidente. Pero fue él quien cogió el teléfono de la chica y llamó a sus padres: «Nos atropellaron, Tamissa está tirada en la carretera, les dijo». La joven fue enterrada ayer al mediodía en Feáns.