La Orquesta va camino de convertirse en banda. Ya van 21 imputados en un caso que desvela las grandes miserias de la vida municipal cotidiana. En el sumario aún secreto aparecen los chanchullos y las cacicadas que todo el mundo se imagina como prácticas más o menos habituales en los consistorios. No hay nada probado ni sentenciado. Sin embargo, la implicación de funcionarios y empleados públicos en la trama no viene más que a demostrar que los concellos rurales son una especie de olla a presión para los trabajadores municipales. Si no se avienen a las razones de los alcaldes pueden ser enviados directamente a galeras.
Es difícil vivir en un consistorio pequeño en contra del criterio de unos regidores que todo lo pueden en su ámbito y que, en más casos de los que sería deseable, convierten sus municipios en una especie de repúblicas bananeras en las que si bien no tienen muchos recursos para mover, sí son dueños de mover a su antojo (y a veces por encima de los criterios legales) los pocos que tienen.
En los concellos deben saber que el dinero público no puede andar en sobres. Ni siquiera para que los vecinos de su pueblo se enternezcan con los boleros en una noche de verano. La ley es el camino, no una rémora que hay que soslayar y esquivar para que se haga siempre la voluntad del alcalde de turno.