Santiago Rey compara el buen periodismo con la medicina

la voz / redacción

GALICIA

El presidente y editor de La Voz recibió ayer la medalla de oro y brillantes del Colegio de Médicos de A Coruña, la máxima distinción de la entidad

11 feb 2011 . Actualizado a las 12:41 h.

Agradecido y sorprendido. Así se mostró ayer el presidente de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre, al recibir la medalla de oro y brillantes del Colegio Oficial de Médicos de A Coruña. La junta directiva de la entidad decidió otorgar su máxima distinción al editor de La Voz «en reconocimiento a su continuada labor en defensa de los intereses de la profesión médica y del bienestar y la salud de los gallegos». La concesión de la medalla recibió el voto unánime de todos los miembros de la junta, en representación de los 5.600 facultativos de la provincia de A Coruña.

En su discurso, Santiago Rey Fernández-Latorre admitió que se sintió sorprendido cuando le informaron sobre la concesión de la medalla. Y reflexionó sobre ello: «Descarté de inmediato que tal honor se debiera a mi condición de paciente ejemplar, pues ni he tenido muchas dolencias ni, para decir la verdad, soy muy paciente. Como tampoco soy médico ni experto en ciencias de la salud, entendí de inmediato que el Colegio premia en mi persona la atención que, de modo preferente, ha dedicado La Voz de Galicia a todo lo relacionado con la medicina».

A partir de esta premisa, el editor del periódico ensalzó el ejercicio de la medicina y la comparó con el buen periodismo, si bien reconoció que entre ambas profesiones existe una diferencia decisiva: «Ustedes curan, y el periodismo, no. Bueno, quizá el buen periodismo tenga efecto curativo, pero de entrada nuestro papel se agota en el mero diagnóstico».

Identificar los síntomas

En esta capacidad para diagnosticar se halla, a su juicio, una de las grandes similitudes entre estas dos disciplinas profesionales. «Lo normal -argumentó- es que el enfermo enumere los síntomas que le preocupan. Un dolor aquí o allá, quizá una tos o un malestar. Con esos primeros datos, supongo, ustedes se hacen una idea de cuál puede ser la dolencia, y preguntan por síntomas que, a veces, los pacientes reconocemos de pronto y a los que no dábamos categoría. [...] Su formación les permite ubicar esos síntomas en varios diagnósticos posibles, exploran al paciente y quizá tengan que ordenar algunas pruebas complementarias. Finalmente, con todos los datos recabados, están en condiciones de definir un diagnóstico y la terapia más adecuada. El buen periodismo, en el fondo, mantiene una relación parecida con la comunidad a la que atiende. Algunos síntomas de salud o debilidad se manifiestan enseguida, otros permanecen ocultos».

El presidente de La Voz advirtió en este sentido que el periodismo malo se limita a registrar solo los primeros síntomas, «que muchas veces responden a ruidos producidos por máquinas de comunicación poderosas al servicio de Gobiernos o grandes corporaciones», y no precisa de «verdaderos periodistas, sino solo de escribientes que trasladen las seudonoticias generadas en sabe Dios qué gabinetes».

El buen periodismo, por contra, es el difícil de poner en práctica y el que guarda una íntima relación con la medicina. «Es el periodismo que percibe los síntomas y dispone de personas profesionalmente preparadas para situar esos síntomas en varios diagnósticos, es capaz de explorar qué sucede realmente y lo cuenta con rigor y con sentido para los lectores. Si el periodismo se queda en el mero noticiar se limita a producir falsos reflejos de una realidad más compleja, a proporcionar placebos suministrados por los poderosos, a adormecer y acallar», abundó Santiago Rey.

Especialistas sin alma

En su intervención, señaló también otra semejanza que acerca ambas profesiones: «En la intimidad cotidiana con el dolor humano, ambos tenemos el riesgo de frivolizar si nos convertimos, como pronosticaba Max Weber hace casi un siglo, en "especialistas sin alma"».

Estos paralelismos entre periodismo y medicina han generado, en opinión del presidente de La Voz, «una cercanía especial entre ambas profesiones, no tanto porque los periodistas nos hayamos acercado a la medicina, como porque los médicos siempre han estado cerca del periodismo». Una reflexión esta que constató al citar la larga nómina de facultativos de prestigio que han colaborado con el periódico en sus 129 años de historia.

Una relación que arrancó en 1884 con Lisardo R. Barreiro -quien llegaría a ser director del diario seis años después- y José Rodríguez Martínez, y que continuó en los años veinte con nombres como Alfredo Vicenti, Roberto Novoa Santos, Miguel Gil-Casares, Félix Estrada Catoira, Baldomero Lois o Alejandro Rodríguez Cadarso. Esa sintonía se mantuvo durante la Segunda República con Gregorio Marañón, y se consolidó en los sesenta con Manuel Sánchez Salorio, a quien se unieron poco después Juan Rof Carballo y Domingo García Sabell. Un proceso que fue intensificándose con los años y que permanece vivo hoy en las páginas del periódico con las aportaciones de profesionales como Enrique Castellón, Pablo Mosquera y Manuel Fernández Blanco, entre otros.