El perro del castillo de Pambre ataca otra vez a un visitante, al que causó graves lesiones

La Voz LUGO/LA VOZ.

LUGO CIUDAD

Un vecino de Abegondo, la nueva víctima del feroz animal, tuvo que ingresar en el Hospital Xeral de Lugo

02 nov 2010 . Actualizado a las 15:11 h.

El perro que custodia el castillo de Pambre, en el municipio lugués de Palas de Rei, volvió a mostrar ayer su ferocidad. Supuestamente, esta vez atacó a un vecino de Abegondo, en A Coruña, que acudió por la tarde al lugar para realizar una visita turística. Anteriormente, en el 2009, el can se echó encima de una coruñesa que también pretendía hacer una visita y que resultó herida en un brazo.

J.?A., de 37 años, es la nueva víctima. Ayer fue con su esposa y un hijo de dos años a la feria de Santos de Monterroso y quiso aprovechar la tarde para ver el castillo de Pambre. Un perro feroz se lo impidió. Cuando intentó acercarse a un muro que bordea la construcción, el animal se le echó encima, según relató su esposa. «Le fue directamente a un brazo», explicó esta. El visitante, que es corpulento, intentó hacer frente al perro y lo agarró por el cuello. «Estuvo casi seis minutos luchando con él. Pero cuando lo soltó, el animal volvió a atacarlo en el otro brazo», dijo la mujer del lesionado.

J.?A. fue conducido al centro médico de Palas, pero al comprobar la importancia de las heridas que presentaba optaron por derivarlo al Hospital Xeral de Lugo, adonde fue trasladado en una ambulancia. Llegó completamente ensangrentado como consecuencia del ataque.

«Salvé a mi hijo»

La esposa del lesionado dijo que la visita de ayer pudo acabar en auténtica tragedia si ella y su hijo hubiesen acompañado a J.?A. «Hacía mucho frío y llovía y decidí quedarme en el coche con el pequeño, de dos años. Salvé a mi hijo. Si hubiese llegado a bajar es posible que el perro nos hubiese despedazado, porque somos mucho menos corpulentos que mi esposo», dijo la mujer.

Cuando se encontró con su marido totalmente ensangrentado pensó «que había sido atacado por veinte perros». Sostiene que no vieron ningún cartel o señal que advierta de la existencia de un perro peligroso, aunque, según le contó su marido, tras el ataque apareció un hombre que dijo que el can estaba en regla y que en el lugar había advertencias de su existencia. «Solo quiero que el animal no vuelva atacar a ninguna persona», señaló la esposa de la víctima. El castillo es actualmente propiedad de una comunidad religiosa.