Burros listos para curar personas

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa OURENSE/LA VOZ.

GALICIA

Un curso enseña a profesionales de la salud y la educación a trabajar con asnos

11 oct 2010 . Actualizado a las 12:58 h.

En Ourense hay burros que curan. Mejoran la calidad de vida de personas a las que las circunstancias las han colocado un paso por detrás, en desventaja. Y lo hacen gracias al trabajo desarrollado por la asociación Andrea, que ha hecho de su cuartel general en Allariz un centro de terapia asistida con estos animales. Trabajan con discapacitados físicos, psíquicos o sensoriales. También con enfermos de alzhéimer y niños hiperactivos.

Lo que era una iniciativa pionera se ha convertido en un ciclo formativo organizado en colaboración con la Universidade de Vigo. El objetivo no es otro que exportar la terapia y que profesionales de la educación y la salud mental tengan los conocimientos necesarios para poder utilizarla. De hecho, es la primera vez que una asociación de las características de Andrea imparte su propia formación.

La primera parte del curso se celebró este fin de semana y contó con la participación de una veintena de personas, llegadas de distintos puntos de Galicia, pero también de Canarias, Cataluña y el país vecino, Portugal.

Teoría y práctica

Los encargados de ponerlos al día con la teoría fueron los propios profesionales de Andrea, aunque también hubo docentes invitados: los quince burros con los que trabaja la asociación. Los participantes los conocieron el sábado. Entraron en la finca en la que viven, donde parecía que no había rastro de ellos. Quietos y tranquilos, con el pudor de quien aguarda en el recibidor de una casa ajena mientras no lo invitan a pasar, los alumnos esperaron algunos minutos. Y de repente, de entre los árboles pero como si surgieran de la nada, se presentaron los asnos dispuestos a demostrar su carácter sociable en el que, en parte, se basa el éxito de esta iniciativa terapéutica.

Un buen mediador

A pesar de que no se requería experiencia previa para participar en el curso, la mayoría de los asistentes son psicólogos y educadores interesados en descubrir el potencial terapéutico de los burros. Y es que aunque también existen otras iniciativas similares -con perros, con caballos, hasta con delfines- el burro tiene un plus. O varios. Lo explica Elsa Pérez, psicóloga clínica: «Es un animal muy cercano. Ya está aquí, no hay que traerlo de fuera. Y no requiere un entrenamiento que vaya en contra de su naturaleza». Se refiere a que por su etología, por su propia manera de comportarse, es un terapeuta con cualidades. «Es un buen mediador porque es tranquilo, curioso, colaborador. Porque le gusta mucho la interacción con las personas y porque tiene muy buena memoria», continúa Elsa Pérez alabando las virtudes de los asnos y asegurando que ayuda mucho en el trabajo con los usuarios de los programas que desarrollan en Andrea.

La asociación ha tenido una experiencia especialmente satisfactoria con los enfermos de alzhéimer. Es fácil imaginarlo en un lugar como Galicia, donde resulta probable que un importante porcentaje de la población, fundamentalmente las personas de más de 60 años, tengan archivado un burro en sus recuerdos de infancia. «Es un colectivo con el que el burro interacciona de una forma muy profunda, por la tradición gallega. Está muy metido en el inconsciente colectivo», explica la psicóloga. En este caso se trabaja el sistema límbico, la parte del cerebro implicada en las emociones, a través de un recuerdo. «Se estimulan las áreas corticales del cerebro, que son las que en este tipo de pacientes se están deteriorando», matiza.