Cinco Caminos con solo ocho años

GALICIA

La pequeña Neige pidió peregrinar por primera vez cuando solo tenía dos años y medio y ahora vuelve a andar hacia Santiago con su padre, desde Roncesvalles

31 ago 2010 . Actualizado a las 02:45 h.

Es una de las pocas, muy pocas, peregrinas que, recién llegada al alto de O Cebreiro, corrió, bailó y saltó con su gran mochila todavía a cuestas. Inquieta, subía y bajaba del taburete donde habían buscado un descanso fugaz. «Es la quinta vez», le decía contenta a la camarera, no mucho antes de hacerle cosquillas a todo aquel que quisiese darle algo de confianza. Con sus dedos parecía preguntar: «¿Quién soy?». Y se le podría responder: «La niña de la mirada profunda y la ilusión siempre presente».

Por eso la francesa Neige Denhaut era en O Cebreiro la princesa entre muchos chicos. Uno de ellos, su padre, Hubert. Ella tan solo tiene ocho años y medio, pero en su interior lleva ya las vivencias de cinco Caminos. En el 2004 «pidió hacerlo», cuando escuchó que su padre lo andaría acompañando a gente que no deseaba caminar sola. La pequeña tenía entonces solo dos años y medio y demostró su disposición. El padre la llevó sobre su mochila (fueron 35 kilos en total para un hombre de solo 20 más).

Para él no era la primera ruta: la había hecho en el 2003, buscando la fe. Vinieron después otras: en el 2005, en compañía de un chico con problemas de drogadicción, dio «gracias por los dos Caminos anteriores». Con cuatro años y medio, la pequeña quiso volver a mover sus pies, «por el amor de Dios, porque él nos ama a todos». Deseó repetir un año más tarde. Hubert volvió a pie hasta Fisterra el año pasado (siempre terminan allí), al lado de un hombre tetrapléjico. Desde el centro de Francia. «Tras llevar trece años en cama, recuperó la sonrisa ante el mar». En este 2010, Neige pidió de nuevo el Camino. «Mi otra hija también quería venir, pero no mostró la misma voluntad que Neige, así que finalmente no vino», confesaba el padre.

Los compañeros de este año

Gerhard viene de Austria y este para él es el segundo Camino, los dos buscando un «cambio total en mi vida», algo espiritual, «un renacimiento», «empezar de nuevo». Ahora anda descalzo, «porque me gusta sentir la tierra». Manuel Company empezó en Castellón. A él lo empujó la reciente muerte de su padre y la vida «materialista» que estaba llevando. De la noche heavy en un bar a buscar la autenticidad de los peregrinos. «Mi Camino no acabará en Finisterre, estoy seguro», decía en O Cebreiro. Artesano, ahora va caminando con poco, leyendo el horóscopo maya a quien se lo permite. «El Camino es algo indescriptible», asegura. Ha encontrado ilusión, queda espiritualidad, pero también, dice, se ha colado el materialismo en la peregrinación actual. De eso sabe mucho Lucas, el otro amigo del grupo, llegado desde Polonia y caminante desde Pamplona. Él es un homeless (sin techo). Sobrevive. Pidiendo y ofreciendo. Ha encontrado turigrinos que lo tienen todo y aun así compiten. «Un total disaster». No valoran las gotas de agua porque no tienen sed, no aprecian el Camino. Los tres tienen su historia, pero señalan a Hubert como «el ejemplo». Y admiran mucho a la pequeña Neige. Aprenden. Todos duermen casi siempre al ras, en tiendas, o donde haya un sitio.