Cuenta un investigador que, en una reciente colaboración para un libro sobre la emigración en Suiza, al preguntar a una colega local sobre si sería adecuado buscar emigrantes de segunda generación en los centros gallegos, ella le contestó que ese era el último sitio al que tenían que ir. La anécdota refleja la desconexión de muchos de los hijos con las sociedades creadas por sus padres.
«Sí que participan, aunque de otro modo -opina Manuel Casal, responsable de la red social fillos.org, que aglutina a emigrantes gallegos en todo el mundo-, nosotros lo hemos constatado con este proyecto. Pero la gente que se conecta y participa no está muy cerca de la dinámica de los centros gallegos en la zona donde están desplazados. Prefieren otro tipo de oferta. Seguramente estamos hablando de muchos centros fantasma, que han perdido el sentido que tenían». Entre ellos, el acceso a las nuevas tecnologías, un déficit en la mayor parte de estas sociedades, según constatan algunos de sus responsables.