Los cerqueros vigueses se autoimponen la ley del silencio

L.?C.?S. VIGO/LA VOZ.

VIGO CIUDAD

26 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Sensaciones encontradas, nerviosismo, irritación en distintos grados, pero, por encima de todo, silencio, cortante y gélido. Eso es lo que más se percibe en la dársena de los cerqueros de Vigo tras las detenciones practicadas y el inicio de un proceso judicial contra varios marineros y patrones por la presunta tenencia ilícita de explosivos.

Está claro que a nadie le gusta hablar de este tema, porque muchos son compañeros, amigos, y casi todos, además, muestran respeto por la figura del patrón mayor de Vigo, considerado una persona cabal, conciliadora y respetuosa. Incluso esperan desde el muelle que esté bien de salud, porque lleva «72 horas de calvario, non só el, senón toda a súa familia». Esto dicen -más bien gritan-, desde un barco sin querer identificarse, ni ellos ni mucho menos a la nave.

Barriendo así la conciencia o la memoria, o ambas a la vez, tratando en definitiva de seguir adelante como tantas otras veces, los marineros que se disponen a zarpar hacia las zonas de pesca en busca de sardina, principalmente, no quieren ni oír hablar del asunto. «Deixade á xente en paz», sentencia uno de los tripulantes de los buques investigados. Su actitud es dura, casi agresiva e intimidatoria.

La mayoría de los que están en el muelle parecen magullados por la noticia. Algunos expresan su propia teoría, pero todo, al mismo tiempo, esperan saber de primera mano qué ha ocurrido realmente. Todos siguen creyendo en la inocencia de los investigados. Uno en particular, encendido por el momento, cuenta un modo de vivir en el arte del cerco, que deja mucho hueco para que desde fuera se pueda cuestionar un modelo de pesca que en algunos casos debe hacerse de forma severa: «Se a xente quere sardiña, todos queren sardiñas para comer e o pide o mercado -explica-, o día para collela é a véspera de San Xoán; eu non digo nada, pero son sardiñas; moitos defenden aos delfíns, e moitos delfíns o que fan é comer os peixes». A pesar del duro golpe para su quehacer diario, su confianza y su capacidad para aguantar tantos desafíos sigue en pie.

Y salen a trabajar, porque solo unos pocos están ahora bajo la lupa de la Justicia. Admirablemente, los que siguen en la mar intentan espantar, aunque sea con malos gestos, a los intrusos.