Partió de Letonia con los 30 cumplidos, ha atravesado varios países a pie hasta poner sus zapatos en la ruta francesa hacia Compostela y podría llegar también a Fisterra
26 jun 2010 . Actualizado a las 02:54 h.El Forrest Gump de la película decía -más o menos- que cuando caminaba se parecía al viento. A Madars Royentáls le pasa algo parecido. Sobrevuela los países, pero por raro que parezca, no lo hace por el aire, sino por la tierra, con los zapatos calzados en los pies y poco a poco cada día. Tiene ahora 34 años, pero cuando salió de su casa tenía 30. Lleva caminando, por tanto, los que resultan de la diferencia, es decir, 48 meses teniendo como único medio de locomoción sus extremidades inferiores. No tiene prisa por llegar a ningún sitio, así que cuando recaló en O Cebreiro, decidió pasar en este pueblo de silencio todo el día, desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas antes del cierre de la luz y después de escuchar la misa de las ocho de la tarde.
Camina con una gran mochila a su espalda porque en ella lleva todo lo que le hace falta para vivir. Por lo menos, todo lo que necesitó en los últimos cuatro años y también todos sus recuerdos. No trae los bolsillos cargados de dinero, sino que va trabajando en lo que encuentra, un día, dos, los que sean, y con lo obtenido, sigue adelante. No acaba de comprender por qué se echó a recorrer el globo de la tierra de esta manera, pero acierta a decir una cosa, a modo de idea: «Para cambiar mi vida». Es toda una experiencia la del andar prendido de la espiritualidad, buscando un rumbo del que él, de momento, no sabe ni cuándo ni dónde va a llegar.
«Desde Letonia, pasé por Polonia, Alemania, Italia -menciona especialmente Roma-, Francia...». Son los diferentes senderos de la vida los que lo han llevado a dirigirse hacia el Apóstol a través del Camino Francés. Explica que probablemente esta sea su última ruta. «¿Y después qué?». «A lo mejor regreso a Francia», dijo. A lo mejor. Allí ganó sus últimos céntimos y con eso consiguió llegar hasta O Cebreiro. No pide limosna sino que trata de ser útil y se saca algunas monedas, por ejemplo, limpiando las iglesias, si así se lo permiten. Duerme donde puede.
Días de depresión
Muchos peregrinos, como él, que lo es en el máximo sentido de la palabra, señalan que hay algo que los impulsa a seguir. A Royentáls también, aunque admite que hay días mejores y peores, días en los que lo ataca «la depresión». Intenta combatirla con las vivencias de cada jornada, con las experiencias de los otros caminantes, con las vistas de las que disfruta... Se quedaría con la parte familiar del Camino, con la solidaridad, aunque también advirtió un cierto giro turístico y una masificación a lo largo de esta ruta de vida.