Síntomas para detectar una disfunción que ningún análisis es capaz de certificar

La Voz

GALICIA

28 mar 2010 . Actualizado a las 03:00 h.

No hay medicinas contra el autismo. Solo sirve el trabajo educativo. Y cuanto antes se ponga en marcha mucho mejor. Un diagnóstico temprano y una estimulación adecuada pueden ser fundamentales para que el desarrollo del niño sea más completo. Esto es un hecho sobre el que no hay dudas. He aquí algunos aspectos que pueden ayudar a detectar antes este trastorno. Ninguno supone un síntoma definitivo, ni siquiera todos juntos, aunque muchos de ellos confluyen en los diagnosticados.

La sonrisa que no llega

Entre los tres y los seis meses, los bebés emiten lo que se conoce como sonrisa social. Un gesto que es más que un reflejo y que responde a una voluntad comunicativa. «Los bebés autistas no llaman la atención ni la requieren», explica la psiquiatra del CHUS María Dolores Domínguez. La ausencia de esa sonrisa puede ser un síntoma de alerta.

Ausencia de empatía

A partir de los ocho meses, el bebé empieza a notar lo que los especialistas llaman angustia de la desaparición. El niño llora cuando su madre se va y tardará todavía unas semanas en comprender que, aunque se vaya, volverá con él. El autista no experimenta esa angustia y no reclama la presencia de su madre. Sus dificultades para la empatía provocan además que no suela responder ante el enfado o la alegría de sus padres, una actitud que ya se puede empezar a detectar a edades tempranas.

Problemas al hablar

En el momento de hablar, un niño afectado por el trastorno mostrará también dificultades. Es de hecho uno de los síntomas que con más frecuencia ponen en alerta a los padres. Aunque cada niño accede al lenguaje con sus propios problemas, los de los autistas son mayores para dar coherencia a sus balbuceos o intentar construir frases.

Conductas repetitivas

A medida que el niño va creciendo proliferan las conductas repetitivas y muchas veces sin motivo o sentido aparente, característica esta muy común entre los afectados por el TEA.

María Dolores Domínguez señala que una buena observación y un control pediátrico oportuno deberían ser suficientes para lograr un diagnóstico a tiempo para poder iniciar un trabajo educativo adecuado. Admite esta experta, sin embargo, que confirmarlo no es sencillo: «A nadie le gusta dar una noticia como esa».