Aunque PSOE, PP y Bloque aseguran estar trabajando con la intención de que la reforma del voto emigrante sea efectiva en las elecciones municipales del año que viene, en círculos socialistas y nacionalistas anida el temor de que los populares acaben por condicionar en la votación final en el Congreso su apoyo a otras propuestas suyas sobre el régimen electoral general. Pero sea en las municipales del 2011, o en posteriores citas con las urnas, las tres formaciones están de acuerdo en que la credibilidad del sistema democrático puede ponerse en cuestión en cuanto el voto exterior cambie el resultado del sentir mayoritario de los residentes y ese ejercicio no reúna además las suficientes garantías de transparencia. En las autonómicas pasadas los emigrantes ya restaron en Ourense un escaño al PP para otorgárselo al PSOE, aunque el baile de actas no cambió el color del partido vencedor, sí le dio al final más votos a los derrotados que a las listas populares.
Pero además de esa circunstancia, lo que menos defendible resulta es que hijos y nietos de emigrantes, que han accedido a la nacionalidad española en virtud de vías como la que abrió la ley de memoria histórica, puedan condicionar el resultado de unas elecciones pese a no haber pisado nunca la tierra de sus antepasados o tributar en ella. Lejos de ser una anécdota, esa relación lejana no deja de crecer al seguir aumentando el volumen de la diáspora. Si en el 2002 eran 278.304 los emigrantes gallegos con derecho a voto, hasta febrero pasado dicho contingente había aumentado en 70.785 inscritos, pese a la notable mortalidad registrada entre los emigrantes de las primeras oleadas y el retorno de decenas de familias.
La emigración representa ya el 13,1% del censo total de Galicia y su participación no ha dejado de arrojar sombras de duda al evidenciarse casos de personas que recibieron la documentación para votar pese a haber fallecido; haber constancia de la introducción masiva de votos en las sacas de correos o faltar filtros que garanticen la identidad del votante, pese a que desde el 2009 los participantes deben añadir una copia de su documento nacional de identidad o pasaporte en el sobre.