La comunicación entre las dos riberas de la ría de O Burgo y el tramo de la N-550 que comunica A Coruña con el aeropuerto de Alvedro sufre atascos continuos
24 mar 2010 . Actualizado a las 12:54 h.Los puentes se han construido históricamente con el objetivo de mejorar las comunicaciones, pero los automovilistas que cada día tienen que cruzar el que une las dos riberas de la ría de O Burgo entre Culleredo y Cambre deben de pensar lo contrario. Sus dos carriles son totalmente insuficientes para soportar el paso de los 35.000 vehículos diarios que lo atraviesan. Con destinos como el enlace con la autopista AP-9, la N-VI o las grandes áreas residenciales de municipios como Culleredo o Cambre, los usuarios de este acceso se encuentran que cualquiera de las mejoras que se realizan en las carreteras de los alrededores chocan con la cruda realidad de un puente con solo dos carriles. El tapón provoca caravanas kilométricas, que se agudizan a primeras horas de la mañana y a última hora de la tarde, cuando los automovilistas se dirigen o regresan de sus trabajos.
Hace años que los ayuntamientos de Cambre y Culleredo piden la ampliación del puente, e incluso existe un proyecto para dotar a esta infraestructura de un carril más, lo que aliviaría el constante tráfico que soporta. Otra de las peticiones de mejora de infraestructuras que podría redundar en la disminución del tráfico sería la construcción de una conexión con la autopista en Almeiras (Culleredo), lo que evitaría que una parte de aquellos que quisiesen acceder a la AP-9 tuviesen que caer en la trampa para el tráfico en la que se ha convertido el puente.
Vilaboa o las colas constantes
A escasos kilómetros del puente sobre la ría de O Burgo se encuentra otro de los grandes puntos negros del área metropolitana coruñesa: Vilaboa. El trasiego diario de 15.000 vehículos por una localidad residencial con un gran número de semáforos y que conecta la ciudad de A Coruña con una infraestructura tan importante como el aeropuerto de Alvedro se convierte en puro sufrimiento automovilístico.
Las gigantescas colas de varios kilómetros que se inician en la localidad cullerdense se ven reforzadas por los conductores que quieren evitar los cinco euros con quince céntimos que cuesta el peaje de la autopista desde A Coruña hasta Santiago, que se suman a los que de forma obligada quieren subirse a un avión en Alvedro.
La ansiada tercera ronda sería una de las soluciones a este enorme problema de tráfico, pero los retrasos que ha ido acumulando han colocado las previsiones de su apertura en el lejano año 2013. La obra, compartida por el Ministerio de Fomento y la Xunta, tiene varios tramos acabados, pero los trazados que aliviarían el tráfico generado por los polígonos de la Grela y Pocomaco -y las áreas residenciales de A Coruña cercanas- siguen en obras. Estas construcciones retrasan a su vez la apertura del ramal que saldría de la tercera ronda hacia el aeropuerto de Alvedro, y que aliviaría una parte del tráfico rodado que sufre Vilaboa.
El tapón de la localidad de Culleredo influye también en la arteria principal de entrada a la ciudad de A Coruña que es Alfonso Molina. Y es que una parte de los 160.000 coches diarios que cruzan esta avenida se dirigen hacia Vilaboa.
Las perspectivas de futuro para estos tapones automovilísticos no son buenas. A no ser que las Administraciones locales, autonómicas y nacionales ofrezcan una lección de agilidad en las diversas necesidades -reforma del puente en O Burgo, nuevo enlace con la autopista AP-9 en Almeiras y finalización de la tercera ronda-, los próximos años supondrán un agravamiento en la ya escasa fluidez del tráfico rodado en la zona, ya que el aumento del parque automovilístico debido a la migración que desde A Coruña se ha producido a ayuntamientos como Culleredo y Cambre provocará que el caos siga siendo la palabra más usada para calificar la circulación en coche.