Una hora perdida en el coche para llegar al destino en Pontevedra

A. Castroverde

GALICIA

Una circunvalación, dos puentes y una ronda aliviarán el tráfico en la ciudad

22 mar 2010 . Actualizado a las 13:21 h.

Invertir entre media hora y una hora al día en atascos no es del todo infrecuente en Pontevedra, especialmente en verano y en horas punta. Cinco grandes tapones cercan la ciudad en los peores días hasta colapsar su red arterial e incluso un carril de la AP-9. La falta de circunvalaciones y la peatonalización del centro son factores que contribuyen a sobrecargar la circulación. Pero también la estructura de una urbe de 80.000 habitantes con importantes municipios en su entorno -suponen el 50% de los desplazamientos- y casi la mitad de su población en las parroquias -representan el 21% de los viajes-. El problema se agrava por el apagón inversor sufrido en los últimos lustros que, de no truncarse las previsiones, comenzará a enmendarse a partir del 2011.

Pontevedra es uno de los grandes cruces de caminos de Galicia. Pero el crecimiento del concello no incluyó anillos circulatorios en torno a la trama urbana. El resultado es una ciudad-pulpo, es decir, un centro urbano clásico y brazos viarios que se han ido desarrollando sin apenas conexiones entre sí. Pasar de un brazo a otro requiere, por tanto, acercarse casi siempre al cogollo central.

Tres kilómetros de autopista al oeste -sin peaje para tráfico local- y una autovía de ronda de 2,5 kilómetros al sur son las únicas vías exteriores de cuatro carriles. Pero al este y al norte -en la franja interior del municipio- no hay vías perimetrales desde que, en medio de una gran polémica, se decidiese a finales de los años ochenta rellenar parte de la ría para que pasase la autopista.

El resultado de esta situación son los tapones que sufren a diario los conductores en Pontevedra. Los más atascados son los de O Pino y A Barca. En el primero, considerado el Rande pontevedrés, confluyen cada día unos 50.000 vehículos. Tras lustros de espera, Fomento va a reordenar ahora las rotondas del nudo y a construir un ramal directo de la autovía a la N-550 entre Pontevedra y Vigo, una medida reclamada sin éxito durante años.

En A Barca confluyen unos 40.000 vehículos provenientes de las carreteras de Poio y Vilagarcía. Además, se junta el problema de la salida de la ciudad hacia estos dos municipios y Sanxenxo que, en verano, se traduce no pocas veces en media hora de espera. En los días más críticos, el tapón de A Barca se traslada al nudo de Bomberos, invade el de la AP-9 y congestiona el tráfico en uno de sus carriles. Hay que tener en cuenta, además, que por la autopista circulan unos 45.000 vehículos en su tramo libre de peaje. Los atascos deberán enmendarse algo en el futuro con la construcción por el Concello del nuevo puente de As Correntes, si bien será necesario reordenar el nudo de A Barca y construir un nuevo enlace de la autopista al norte de Pontevedra, que conecte con el periférico de Poio, para aliviar la circulación.

También en Os Tirantes

La falta de circunvalaciones también hace que unos 40.000 vehículos taponen habitualmente la zona norte del casco urbano en el tramo del puente de Os Tirantes, la avenida José Malvar y Alexandre Bóveda. Otro tanto sucede en la entrada desde la carretera de Ourense y Ponte Caldelas (35.000 vehículos) por A Eiriña. La solución más inmediata pasa por un puente entre Lérez y Monte Porreiro, a cargo de la Diputación, que restará 5.000 vehículos por día al centro. Sin embargo, el gran remedio no llegará hasta que se construya, al este de la ciudad, la autovía de circunvalación A-57, cuyo comienzo está previsto por Fomento a finales de este año o comienzos del próximo. Unos meses después, deberá iniciarse la ronda urbana a cargo de la Xunta, más pegada a la ciudad.

El abanico de remedios se completa con la variante Pontevedra-Marín -en obras-, que debería funcionar en el 2011. Mientras, 35.000 vehículos al día -con grandes picos en verano- se las arreglan con la carretera vieja y la autovía de la costa, y sufren esperas que, al calor estival, llegan a 45 minutos.