Año nuevo, vida nueva. Ojalá sea así, piensan muchos que despidieron al 2009 sin melancolía. Aunque no está claro que vaya a ser mucho mejor, seis gallegos hablan de sus expectativas para el 2010. Todos esperan recordarlo como algo especial
02 ene 2010 . Actualizado a las 22:31 h.Un hijo, un empleo, una licenciatura universitaria, la jubilación, el éxito empresarial... Los seis protagonistas de este reportaje han depositado, como miles de gallegos, grandes expectativas en el año que acaba de empezar. Un año redondo, fin de una década en la que se ha vivido lo mejor y lo peor. ¿Qué año les espera en realidad a nuestros anónimos protagonistas? «Va a ser un año de rogativas ?pronostica el catedrático de Economía Pedro Arias?. Zapatero va a rogar para que se produzca una dinámica que tire del comercio exterior y a ver si se generan esos brotes verdes. Va a ser un año de mucho sufrimiento».
-Las rogativas son para pedir lluvia. ¿Lloverá?
-Es posible que veamos nubes y a lo mejor al final de año caen algunas gotas.
Otro profesor, en este caso de Ciencias Políticas y Sociología, se hace eco de la guerra de ideas: «Hai dous bandos, os que din que non haberá recuperación e os que din que si. Vai ser difícil que se poñan de acordo, aínda que eu penso que si haberá unha lenta recuperación. O cal non é unha boa nova, porque outros países xa están empezando a remontar e sacarannos medio ano de vantaxe». Por último, Roberto Blanco Valdés, catedrático y agudo observador de la realidad gallega, se apunta a la recuperación: «Hay que esperar algún cambio a mejor, tímido todavía y, en cualquier caso, insuficiente para crear empleo. Así que nuestra cifra de paro seguirá siendo espantosa».
Malos augurios para Fernanda, nuestra parada, y Santiago, que acabará Derecho este año, los dos protagonistas de este reportaje que miran en el 2010 hacia un empleo. Maribel, opositora, también lo espera, pero el suyo solo depende de su preparación. Silvia sabe que este año estará marcado por un hecho ajeno a la dinámica económica: el nacimiento de su segundo hijo y Manuel, al fin, se librará del paro para acomodarse en su jubilación. Julio, el empresario, solo desea que cese la psicosis y que la gente confíe en el restaurante en el que ahora pasa ochenta horas a la semana.
Para los seis, probablemente el 2010 será una fecha que quedará marcada para siempre en su memoria. Y, para casi todos, la evolución de la economía será fundamental. En ese sentido, como Zapatero, cabe unirse a las rogativas.