«Na primeira curva case nos esnafra, facía eses e cando paramos vimos que cheiraba a alcohol»

La Voz

GALICIA

15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

José Antonio Fernández fue uno de los viajeros que se percató, en cuanto vio al conductor, de su estado. «Intentó abrir la zona de las maletas y se iba un poco, pero ¿quién iba a pensar que iba trompa?», comenta. Sin embargo, ante las maniobras que hacía al volante optó por asegurarse. «Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, que llevaba conduciendo seis horas, desde las cuatro de la tarde», explica Fernández, que aun así pensó que tanto su forma de actuar como el color de su cara no eran normales.

Tras coger una rotonda con temeridad, al salir del aeropuerto de Asturias, a 14 kilómetros de Avilés, y pisar de manera continua las bandas rugosas que delimitan el carril en autovía, fue Fernández quien le indicó a su compañera de asiento que había que alertar a la Guardia Civil. Fue esa pasajera quien llamó al 112.

Los relatos de otros afectados son similares. «No fue capaz de abrir el portamaletas, tenía la cara colorada y parecía que no oía, porque llevaba desde el inicio la radio mal sintonizada y no la cambió», explica la lucense Carmen López, otra de las que subió al autobús y que reconocía que la situación que vivieron fue surrealista. «El conductor que dio positivo era el único que nos podía salvar de la situación, ya que era el que llamaba a su jefe para insistir en que mandase otro bus porque la gente estaba esperando. Primero juega con tu vida y luego te salva», explica incrédula, ya que asegura que uno de los peores ratos lo pasaron en una estación de servicio cerrada.

Sara Laxe es médico y señala que, aunque en un primer momento, con las prisas por subir al bus, no se percató del estado del conductor, reconoce que «había signos de que estaba bébedo, xa que na primeira curva case nos esnafra; facía eses ao conducir e cando paramos puidemos ver que cheiraba a alcohol e que presentaba signos dun alcoholismo crónico», comenta.

Laxe, al igual que otros viajeros, explica que la situación en la estación de servicio fue «horrible», ya que no disponían ni de baño ni de comida, y que cuando salían del bus pasaban frío. Hubo varios pasajeros que optaron por llamar a un taxi para que los sacase de allí, entre ellos una embarazada que decidió quedarse en casa de unos amigos asturianos.