«Jamás vi una pistola en manos de mi hijo»

La Voz

GALICIA

17 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Dos horas antes del asesinato de David Pérez, el padre de Horacio Longueira estuvo con su hijo y con David en la cafetería Barcés. Tomaron algo y luego los jóvenes se fueron solos a seguir la ronda de bares. Este hombre no se explica cómo el amigo de su hijo pudo haber muerto de un disparo. Está convencido de que su hijo nada tuvo que ver con los hechos. Ayer al mediodía afirmaba con rotundidad: «Jamás vi una pistola en manos de mi hijo». De hecho, pese a que Horacio Longueira tuvo problemas con la Justicia, «nunca hizo daño a nadie». Su historial delictivo se limita al tráfico de drogas, al igual que la víctima.

Fueron esos problemas con los estupefacientes los que lo llevaron a abandonar la casa familiar y mudarse a un piso de la Rúa do Pan.

David Pérez también vivía solo, en la planta baja de una casa unifamiliar de Barcia, un lugar de Carral cercano a la central térmica de Meirama. Su casera explicaba ayer que «era un chico de lo más normal». Cuenta que de vez en cuando lo vio con su novia, «una chica muy mona y educada» y jamás «con personas de mal aspecto». Esta mujer lo tenía por «un buen chico».

Como su familia. Su tía, que nada más enterarse de lo sucedido viajó desde Asturias a Carral, no se explicaba lo sucedido. Si bien su sobrina reconocía los problemas que había tenido su tío con la droga, jamás pudo imaginar que terminaría así. Ayer contaba que estaba segura de que David ya había salido de ese mundo. «Era muy trabajador», destacó. Llevaba un tiempo empleado como cocinero en la cervecería Boa Estrela.

El mutismo de la Guardia Civil es total. No se informó sobre la investigación ni a la familia de la víctima ni al alcalde de Carral, que se interesó por el suceso. Los parientes de David lamentaban anoche que los investigadores no quisieran mostrarles el cuerpo. Mucho menos se dirigieron a ellos para darles la noticia de la muerte de David. «Estamos llorando a alguien sin saber siquiera si es el nuestro al que lloramos. Es una falta absoluta de respeto y humanidad esa actitud», decía una tía del fallecido.