En la misma tarde y con apenas unos minutos de diferencia, tanto en A Pobra como en Ribeira se trabajaba ayer en el rescate de vehículos que habían ido a parar a la ría. Sin embargo, muy poco tiempo después de iniciarse los operativos, estaba claro que uno y otro caso no tenían parecido alguno. En el primero, ocurrido en el puerto pobrense, el vehículo se precipitó al mar con un hombre dentro, José Manuel Laíño Ordóñez, de 42 años, cuyo cadáver fue recuperado al filo de las cinco de la tarde. En el segundo, que tuvo como escenario el muelle de Aguiño, el turismo no estaba ocupado y se cree que alguien lo arrojó al agua.
Con numerosos trabajadores de la descarga de atún como testigos, alrededor de las cuatro de la tarde, José Manuel Laíño Ordóñez se precipitó a la dársena pobrense, y su coche quedó encajonado entre un barco y la piedra del espigón. Tanto quienes desde las embarcaciones vieron la maniobra del vehículo como el conductor que circulaba delante de él -que se apartó a un lado al ver que el coche siniestrado iba muy rápido- dicen que la víctima iba en línea recta hacia el barco contra el que finalmente chocó, a una velocidad de unos 40 kilómetros por hora. «Simplemente, ía cara ao mar», decían.
Instantes después de ver cómo caía el Ford Puma en el que viajaba el hombre, el guardamuelles pobrense se quitó la ropa y se tiró a por él. No pudo hacer nada: «O golpe que deu o coche moveu os fondos, e eu non cheguei a ver nada». A partir de ahí, se montó un enorme dispositivo, que solo pudo rescatar el cuerpo sin vida de un hombre que, según se supo luego, era natural de Rianxo, pero vivía en Ribeira.
Mientras en A Pobra todavía se esperaba el levantamiento del cadáver -numerosas personas permanecían en el puerto, con el alcalde, en permanente contacto con la nueva conselleira de Pesca y al frente del operativo-, en Aguiño comenzaba toda una odisea para retirar otro coche que también se había precipitado a la ría arousana.
Intencionado
Fue un buzo quien alertó de que un vehículo yacía en el mar. Saltó la alarma por si podía haber alguien dentro del coche. Pero pronto se supo qué había sucedido. Francisco S.?C., el propietario, había dejado el turismo aparcado a unos cien metros del mar el día anterior, antes de ir a pescar sardina. Ayer al mediodía, cuando llegó, no lo encontró. Denunció el robo, y poco después lo llamaron diciéndole que su Seat Ibiza estaba en el fondo de la ría. Tanto la policía como el propietario tienen claro que alguien lo tiró al fondo. Fuentes de la investigación indicaron que el dueño a veces lo dejaba abierto.