Una agónica odisea de ocho meses en el centro de A Coruña

Gabriel G. Enríquez

GALICIA

La familia Barrul, que retornó de México el pasado noviembre, malvive sin ayudas en una habitación de 5 metros cuadrados

18 jun 2008 . Actualizado a las 11:54 h.

José Barrul Salazar, María Concepción Barrul Jiménez y su hijo Moisés se encuentran en A Coruña desde el pasado mes de noviembre. Regresaron a su ciudad natal después de pasar nada menos que 24 años en México. El motivo para sacar el billete de vuelta fue la angina de pecho que se le diagnosticó a José en tierras centroamericanas. Por allí no había recursos para realizar la operación requerida. El Juan Canalejo lo esperaba. Y al recibir el alta, empezó la pesadilla.

Hoy en día, los Barrul se cobijan, por necesidad, en una pequeña vivienda situada en las galerías de Santa Margarita, callejón de la Sagrada Familia. José, enfermo y con intensos dolores, descansa día y noche encima de su cama. Su esposa vive pendiente de él, alimentándolo y suministrándole las escasas medicinas que tiene en su poder. Moisés, por su parte, no tiene tiempo para parar demasiado en casa; deambula por las calles coruñesas a la caza y captura de un trabajo que facilite algún tipo de ingreso, por minúsculo que sea. La zona reservada para madre e hijo dentro de la habitación es un colchón colocado a los pies de la cama de José. Entrar en el baño del piso, alquilado al hermano de la mujer, es ciertamente todo un peligro.

Pero esta apacible residencia no fue la única que pudieron disfrutar en estos últimos tiempos. «Estuvimos unos cuatro meses en el refugio de Labañou, pero no era un ambiente adaptado para una persona enferma. Había mucho humo, poquísima higiene, y, lógicamente, el régimen de comidas era el mismo para todos», señala María Concepción. Su rostro refleja claramente la desesperación en la que se encuentra. «Después, acudimos a la asistenta social de la Sagrada Familia y nos pagaron un mes, aunque ahí es donde ahora nos dan la mayoría de las medicinas que mi marido necesita. Pero por desgracia la única comida que tenemos es la que nos ofrece un médico del barrio», indica. Entre frase y frase, muestra convencida los papeles que atestiguan sus declaraciones.

Lo cierto es ya no saben qué hacer. No tienen «ni para coger un bus». Moisés sigue buscando un puesto laboral que no aparece. María Concepción, pesimista, incluso se decidió a abrir una cuenta bancaria para «todo aquel que nos quiera ayudar». Y mientras, José continúa tirado en la cama, dolorido y sin recibir «la atención que le urge».

Solicitud de amparo

Vista su situación límite, los Barrul agotaron todas las posibilidades de auxilio. Se dirigieron a Madrid, para ver si podían obtener el apoyo reservado a los emigrantes retornados. Desde la capital afirman que «la petición no está denegada» y que se espera «el documento contable para muchas peticiones».

Ya en A Coruña, llamaron a las puertas del equipo técnico de inclusión social del Concello. Pero aquí se encargan de «la tramitación del papeleo, de atender las demandas del interesado». Las asistentas, tanto de Labañou como de la Sagrada Familia, «dicen que no pueden hacer nada por nosotros», explican.

Y finalmente, un rayo de esperanza. El organismo de la Xunta encargado de estos asuntos asegura que los Barrul tardarán «unos 15 o 20 días» en recibir la resolución de la solicitud que presentaron el pasado 22 de abril. «No sé, yo es que ya no puedo ser optimista. Lo veo todo estrellado», asegura María Concepción.