Ninguno de los cinco taxistas atracados en A Coruña durante el último mes usó el dispositivo GPS de alarma, el elemento de seguridad más común en el sector
18 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.A Balbino Gerardo le quedaban poco más de 15 minutos para acabar el servicio. Era la madrugada del día de su cumpleaños cuando un cliente lo paró. Media hora más tarde y tras haberle llevado hasta un solitario paraje de Arteixo, Balbino, a través del reposacabezas, intentaba introducir los dedos entre su cuello y la cinta con la que su cliente lo estaba estrangulando: «Foi moi pouco tempo, porque apretaba moitísimo. Eu creo que aos dez segundos xa perdín o coñecemento». El incidente ocurrió hace un mes y abrió una serie de cuatro asaltos consecutivos en A Coruña, cinco si se tiene en cuenta el robo del vehículo sufrido por un taxista de Arteixo unos días antes. Ninguno de los cinco profesionales agredidos en esta oleada apretó el botón camuflado que pone en marcha una alarma instantánea para que el taxi sea localizado en el acto por la policía o cualquier servicio de seguridad o urgencias.
Balbino no pudo siquiera pensar en utilizarlo. Sin embargo, entre los cinco episodios violentos de este mes, hubo hasta un taxista que, tras varias maniobras, se tiró del coche en marcha, aunque no llegó a pulsar el botón de alarma. Otro de los agredidos tuvo la sangre fría de convencer al atracador para trasladarlo hasta un lugar que incluía el paso por un control de la Guardia Civil, donde frenó el coche y salió huyendo. «Hay que verse en la situación -reflexiona Leopoldo Villa, presidente de la Asociación del Taxi de A Coruña-. Uno piensa que tocaría el botón antes de tirarse del coche. Pero en esos momentos nunca se sabe cómo actuar. De lo que no cabe duda es de que somos unas víctimas muy fáciles».
Falta de práctica
«No estamos entrenados -opina un taxista acostumbrado al turno de noche- y no nos acordamos del botón. A lo mejor habría que hacer algún tipo de ejercicio para tenerlo más presente en las situaciones de riesgo». Esta oleada de asaltos ha cogido al colectivo con la guardia baja: «Llevamos un mes como no recuerdo en 28 años -asegura Leopoldo Villa-. Han sido ataques muy violentos».
Los responsables de las asociaciones de taxis entienden que la mejora de la seguridad en su trabajo es un asunto complicado. En A Coruña, donde este azote intermitente se ha revelado con mayor crudeza en las últimas semanas y donde algunos profesionales hablan ya de un efecto de imitación, demandan más presencia policial, sobre todo en las zonas más sensibles de las ciudades, pero saben que no se puede llevar a un policía en cada taxi. La otra demanda está dirigida a la industria: un vehículo único preparado para soportar cualquier dispositivo de seguridad. Pero ni lo uno ni lo otro parece que se vaya a concretar a corto plazo.