«Decidín montar unha instalación para cincuenta vacas e Fenosa pasoume unha factura de 24.000 euros»

La Voz

GALICIA

27 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

A Ricardo Villaverde y a su padre tendrían que dedicarles un monumento en su pueblo de Rabadeiras, municipio de Forcarei, provincia de Pontevedra.

En 1979, el padre de Ricardo tuvo que pagar de su bolsillo una acometida de quinientos metros, desde la cima del pueblo, para poder dar servicio eléctrico a su granja de cerdos. «Pagou todo, os postes, o tendido trifásico...», cuenta su hijo.

Ahora, la historia se repite. Ricardo decidió ampliar la explotación y montó un moderno establo preparado para cincuenta vacas. Cuando planificó la inversión, el electricista que le asesoró no vio problemas. Pero Fenosa sí. «Cando acabei a obra, no 2007, pedinlle a Fenosa un aumento de potencia -explica- e Fenosa pediume a cambio 24.000 euros». Para que las vacas de Ricardo pudieran ordeñarse a máquina, hubo que cambiar un transformador, doce postes -la mayor parte, en el pueblo- y sustituir 760 metros de cable de 55 por otro de 95». Conclusión: si quería trabajar, debería pagarse de su bolsillo la instalación.

Ricardo peleó lo que no está en los escritos. Se gastó una pequeña fortuna en recursos, en llamadas de teléfono... Incluso envió cartas a varios conselleiros. Finalmente, Fenosa reconsideró la factura y la dejó en 13.000 euros, que salieron directamente de su bolsillo. Como no hay mal que por bien no venga, por lo menos ahora los veintidós vecinos de Rabadeiras tienen un tendido eléctrico que ya querrían en muchos pueblos vecinos, con formidables postes de hormigón de once metros. Pero pagado por un particular, no por la Administración ni por la empresa suministradora.

Por si no hubiera tenido bastante, todavía le quedaba a este emprendedor de Forcarei una mala noticia: que las tarifas de Fenosa no están pensadas para ordeñar vacas. Ricardo lo explica: «Na tarifa de verán, cobran un corenta por cento máis de 11.00 a 14.00 horas pero, no inverno, ese corenta por cento máis o aplican no horario que vai das seis da tarde ás dez da noite, e iso píllame xusto no ordeño. ¡Todo son vantaxes!», ironiza. Luchando contra los elementos, Ricardo ultima los detalles para que la explotación esté a pleno rendimiento en unos quince días.