A las 10.40 horas de ayer los vecinos de la calle Cristóbal Colón del municipio ourensano de Boborás escucharon un estruendo seguido de un fuerte olor a goma quemada y a azufre. La mayoría pensaron que era un incendio en una casa deshabitada que hay en las inmediaciones, y no una pequeña bomba que explotó bajo el coche del alcalde, que quedó con el capó levantado, el motor quemado y varios cristales rotos.
El alcalde, el popular Cipriano Caamaño, que es médico de profesión, estaba en ese momento pasando consulta en el centro de salud. Avisado del suceso, inicialmente pensó que se trataba de un accidente, una explosión en la batería del Renault Laguna, que figura a nombre de su mujer. Sin embargo, mientras esperaba a la grúa comprobó que había restos de pólvora y un trozo de mecha, lo que propició que enseguida denunciase los hechos ante la Guardia Civil.
Huellas a investigar
Hasta el lugar se desplazaron varias patrullas que precintaron el vehículo mientras llegaron agentes de la Policía Científica, que recogieron en el lugar muestras de los restos de un petardo de feria y huellas, con el objeto de proseguir la investigación para el esclarecimiento total de lo sucedido.
Cipriano Caamaño, que siguió ejerciendo como médico con total normalidad hasta que fue requerido, sobre la una de la tarde, por la Guardia Civil para prestar declaración, enmarca lo sucedido en «una gamberrada electoral», «de alguien que no me quiere bien, aunque hay que dar los pasos precisos para descartar otra cosa», explicó.
Según comentó el regidor, el artefacto tuvo que ser colocado entre el capó y el parabrisas en su lado derecho poco antes de la explosión, ya que el coche pasó todo el fin de semana en el garaje privado de su vivienda. El único intervalo de tiempo en que el vehículo estuvo expuesto a la posibilidad de sabotaje fue desde las 9 horas de ayer, momento en el que Caamaño llegó a la consulta, y las 10.40 horas, cuando se produjo la fuerte explosión.