País Vasco, una tierra con dos caras

Manuel Blanco

GALICIA

La fachada es la de una autonomía modelo, con una economía boyante y un urbanismo ejemplar. El terrorismo, sin embargo, difumina muchos de estos éxitos

01 dic 2007 . Actualizado a las 15:09 h.

El País Vasco es un espejo. Para lo bueno y para lo malo. Su modelo económico ha resultado un éxito, sus sistemas educativo y sanitario figuran entre los mejores del país y su urbanismo de baja intensidad en la costa y de recuperación en áreas históricamente grises como el Gran Bilbao forma parte de un exitoso plan que, lejos de lo que pudiera parecer, casi siempre ha contado con un enorme consenso político y social. Por no hablar de la gastronomía, o de la belleza de sus paisajes... Paradójicamente, todo ello se ve difuminado por el terrorismo, una lacra que empaña los logros de una comunidad que ha conseguido superar la salvaje reconversión industrial de los ochenta. ETA ha abierto una brecha enorme en la sociedad entre quienes asumen el discurso nacionalista y los que no comparten este ideario. La sensación, en realidad, es que en este escenario social resulta complejo quedarse en el medio.

Del impacto del terrorismo habla a las claras una estadística. Pese a que el salario medio en el País Vasco es un 18% más alto que el promedio español (y un 25% más alto que el gallego), pese a que la tasa de paro es un punto y medio más baja que en Galicia o que el sistema sanitario es una referencia a nivel estatal, lo cierto es que Euskadi no capta población.

Entre los años 2000 y 2006, y auspiciada por el círculo virtuoso de la economía, España vivió un bum demográfico sin precedentes. Su población creció un 9,4% y las regiones más prósperas engordaron su censo con tasas muy superiores al 12% gracias a la llegada de inmigrantes. Sin embargo, en este período el País Vasco solo ha conseguido incrementar su censo en un 2,2%, una tasa que apenas supera a la de Extremadura, Galicia, Castilla y León y Asturias. ¿Por qué una comunidad rica, que crea empleo y tiene un sistema de bienestar modélico no atrae emigrantes? La respuesta que dan los agentes sociales es sencilla: por el miedo al terrorismo y por un escenario social que no favorece la integración, especialmente en materia educativa.

El lastre del terrorismo

Catedráticos, empresarios y miembros del Gobierno vasco consultados sobre esta cuestión eluden dar la cara para analizar este asunto. Pero con la grabadora apagada todo cambia. Casi todos admiten que el terrorismo lastra en mayor o menor medida el desarrollo económico y social de la región. «Es evidente que los inmigrantes no vienen aquí porque les resulta mucho más fácil integrarse en otras comunidades en las que también pueden encontrar trabajo sin problemas», precisa un profesor universitario de San Sebastián. Sara y Mario, dos gallegos que trabajan y residen en Irún, son todavía más gráficos: «Aquí sufrimos un grado de imposición de lo vasco, y de forma singular del idioma, que no ayuda a que nos integremos. Pero es lo que hay, o lo haces o te sientes excluido», concluyen.

Lo más llamativo de este escenario es que si se logra extrapolar la cuestión política, Euskadi tiene mucho que ofrecer. Sin ir más lejos, Galicia lleva apenas unos años intentando activar una experiencia, la de la creación de clústeres, que el País Vasco puso en marcha a principios de los noventa para salir de la reconversión industrial. Hoy, este modelo de asociacionismo empresarial es estudiado y aplicado a nivel mundial. Por no hablar del urbanismo, de una ordenación territorial que hoy han hecho suya muchas comunidades de todo el país (incluida la gallega). La contención de la edificación en la costa, apreciable en localidades como Fuenterrabía, Zarauz, Mundaca o Guernica, entre otras muchas, contrasta con los excesos que acusan zonas de A Mariña lucense o el litoral pontevedrés, amén, por supuesto, del Levante español. La cultura urbanística es un bien tangible y en el País Vasco se visualiza paseando.

La combinación de tradición y modernidad que salpica cada rincón de la región, las excelencias de la gastronomía o la belleza de sus paisajes -la tercera parte del territorio vasco son zonas protegidas por su valor medioambiental- son otros de los atractivos de una comunidad de gente amable, de naturaleza reservada, cierto, pero que gana mucho en la distancia corta.

José, un ingeniero arousano que trabaja en una consultora de Bilbao desde hace 15 años, da su diagnóstico sin pelos en la lengua: «Esto no es España, es Europa. La calidad de vida que tienes aquí es difícil encontrarla en otro sitio de España, pero el terrorismo y ese nacionalismo emergente que excluye más que integra se ha vuelto para muchos insoportable. Y yo no estoy aquí para hacer política, yo quiero vivir, y hacerlo tranquilo. Trabajar, criar a mis hijos y acabar mis días en un sitio que me ha acogido con los brazos abiertos».