Los mosquitos de Taiwán

Miguel Salas

FERROL

09 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

uerido José: El calor regresa a Taiwán. Y con él, por desgracia, los mosquitos, del tamaño de portaviones y absolutamente insaciables. Además de voraces como pirañas, los mosquitos locales son dueños de una inteligencia similar a la de un can de palleiro. Solo con suerte y paciencia se les puede dar matarile. Tanto es así que los nativos los cazan con raquetas electrificadas que se venden en las tiendas de todo a cien. Quien aspire a matarlos a palmadas se puede dar por picado. Muchas veces.

El volante en una mano, la raqueta eléctrica en la otra, el taxista de hoy me ha recibido con una maldición. Media docena de picotazos en su cuello atestiguaban un combate largo y cruento. En cuanto me he sentado, me ha pasado la raqueta y me ha envidado: si lo matas, no te cobro la carrera. Nada me gusta más que ejecutar chupópteros, así que he puesto mis cinco sentidos en la caza. Cuando estaba a punto de rendirme, lo he visto: orgulloso y paciente como un buitre, posado sobre la licencia de su medio desangrada víctima. Le he acercado la raqueta poco a poco. Al sentirme ha alzado el vuelo y ¡zas!, ha rozado la red. El cruel chasquido que certificaba su muerte ha alegrado al taxista más que el gordo de la lotería. Hemos buscado juntos el cadáver. Al encontrarlo nos hemos dado la mano, unidos por el vértigo del éxito y la sensación de libertad. Breve, porque vendrán por nosotros día y noche, hasta que un nuevo y frío invierno nos rescate.

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