Los expertos apuestan por la línea aérea y estiman inviable soterrarla

FERROL

Responsabilizan del desastre causado por el «Klaus» a la excesiva proximidad de los bosques y el cableado

09 feb 2009 . Actualizado a las 12:11 h.

Soterrar la red eléctrica reventada por Klaus costaría 25 veces más que reconstruir las líneas aéreas dañadas. El sobrecoste económico convierte en inviable esa opción, defendida en las últimas semanas como alternativa para evitar nuevos colapsos en el futuro. Esa es la conclusión que defiende Carlos Saa, profesor de Transporte de Energía Eléctrica de la Politécnica de Serantes, y cuatro ingenieros industriales integrantes del colegio oficial a los que ha consultado La Voz a ese respecto.

Saa explica que soterrar una línea de 20 kilovoltios como la que discurre entre Santa Mariña y Cornide cuesta cerca de mil euros por metro lineal, obviando el pago de expropiaciones y otros procesos similares. Utilizar ese mecanismo para conectar los dispersos núcleos rurales gallegos necesitaría un presupuesto elevadísimo.

También crecerían los costes de mantenimiento, ya que siempre sería preciso hacer excavaciones para acceder al cableado y «las líneas subterráneas son más complejas, y tienen mayor probabilidad de avería».

¿Cuál es la solución? Los cinco expertos consultados por La Voz coinciden en que deben mantenerse las actuales líneas aéreas, pero hay que «mejorar el mantenimiento» y, sobre todo, alejar los árboles del cableado. Los amplios destrozos causados por Klaus en las líneas de Fenosa, que va a tener que sustituirlas casi por completo, fueron causados por árboles arrancados por el viento, y no por el viento en sí, coincidieron los cinco.

Cortar los árboles peligrosos

Pero el reglamento de redes eléctricas aéreas de 1968 es claro: «Deberán ser cortados todos aquellos árboles que constituyen un peligro para la conservación de la línea», y atribuye al concesionario la responsabilidad de exigir que se realicen esas tareas de forma periódica.

En los bosques de eucaliptos, que pueden llegar a 25 metros de altura, sería preciso talar dos parcelas de ese ancho a ambos lados de la línea para garantizar su conservación. El coste de esos trabajos sería muy elevado y, en principio, repercutiría en las arcas de las eléctricas, que deberían pagar la tala en los terrenos de las que sean propietarias, y la tala e indemnizaciones en las parcelas privadas en las que tengan derecho de paso.

Saa cree, sin embargo, que sería posible recuperar parte de esa inversión mediante una «racionalización» de las líneas consistente en que tanto la electricidad, como el teléfono y la fibra óptica discurriesen por la misma red, como ocurre en otros países. La principal desventaja sería que un corte implicaría perder los tres servicios, pero también bajarían los costes totales del mantenimiento, que podría ser más intenso, y la probabilidad de avería sería menor.

El profesor afirma que para evitar otra crisis similar a la provocada por Klaus habría que actuar en tres frentes: la Administración debe «ampliar su control sobre las tareas de mantenimiento de las líneas»; las empresas, «aumentar sus inversiones en conservación y mantenimiento»; y los particulares, asumir que sus empresas y explotaciones «no pueden depender de tres cables», por lo que deberían «proveerse de grupos electrógenos para las situaciones de emergencia»