La apertura al tráfico de los tramos reurbanizados permite ver el nuevo aspecto del vial, en el que se trabaja desde agosto y que todavía carece de fecha de finalización
20 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Una mujer se persignaba al pasar por el cruce de las calles Sol y Coruña. ¿Habría visto un milagro, algo así como la multiplicación de los panes y los peces, en la reapertura al tráfico del nudo? No, mostraba devoción ante el Cristo del escaparate de la funeraria Laloporto. Pero la hipótesis de que pensase en un milagro no es tan descabellada. El cruce de Sol con Coruña cerró al tráfico en octubre del año pasado, y ha pasado de todo además de siete meses, desde entonces hasta ayer, cuando los coches volvieron a circular por ese cordón umbilical que une el barrio de Canido con el centro de la ciudad. No solo reabrió ese cruce, también volvieron a pasar vehículos por Concepción Arenal, con lo que el milagro, de haberlo, sería doble.
Después de tantos meses es difícil recordar el motivo de las restricciones de tráfico. Se trataba de permitir las obra de reurbanización de la calle, que en un principio debían de haber terminado en diciembre del año pasado, pero que todavía están inacabadas. Quedan por rematar los trabajos en el tramo que une las calles Coruña y Méndez Núñez, que avanzan con rapidez. Parece muy difícil que el gobierno pueda cumplir su promesa de reabrir la totalidad de la calle el próximo 31 de mayo, aunque tampoco parece que los trabajos vayan a alargarse mucho más después de esa fecha.
El edil de Obras, Miguel Reimúndez, prefirió no mojarse con una fecha concreta para acabar. Subrayó que las tareas «están moi avanzadas» y que queda «pouco para rematar». Aún así, evitó marcar plazos cerrados. No resulta extraño, durante los últimos meses las obras reventaron las previsiones de los técnicos una y otra vez, y el edil tuvo que fajarse para superar las críticas de muchos vecinos de la calle, que se veían viviendo en una trinchera hasta el 2009.
Un millón de euros
¿Valen la pena las obras? Lo que sí es seguro es que al Ayuntamiento le han valido un millón de euros, además de los 30.000 que invirtió en mejorar los accesos al Torrente Ballester y los 172.340 que la Diputación destinó a Concepción Arenal, calle en la que está ubicado el citado centro cultural. Para los vecinos parecería que cualquier cosa es buena antes que tener las excavadoras delante de casa, pero muchos en la zona ya reurbanizada se muestran contentos. Isabel, una vecina mayor, cree que «está todo mucho mejor que antes», aunque teme que las baldosas grises de la acera resbalen un poco con la lluvia.
Las personas con problemas de movilidad agradecerán los bordillos bajos en las esquinas, aunque es probable que maldigan el adoquinado de la calzada. Aunque parezca mentira, los adoquines resultan más cómodos para circular en coche que el antiguo asfalto, que se hundía y en el que podían aparecer socavones de tamaño considerable, incluso de más de ocho centímetros de profundidad.