La cifra de asesinadas en agosto por sus parejas supera la tasa del decenio

Manu Mediavilla / L.L.R .

ESPAÑA

Solo el 2 % de las denuncias por malos tratos están interpuestas por la familia de la víctima

24 ago 2008 . Actualizado a las 03:27 h.

El repunte de asesinatos machistas y la agresión al profesor Jesús Neira están convirtiendo agosto en un mes pésimo en la lucha contra la violencia machista. Nueve casos confirmados y otros ocho en investigación dejan este agosto las peores estadísticas del año. Pero esta conclusión no es nueva, ya que una media del número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas y ex parejas desde 1999, confirma que agosto (con 6,2 muertes) es el mes que peores cifras registra.

Pese a que el número total de víctimas mortales mejora este año (van 40 muertes, frente a las 71 registradas en 2007 y 68 en 2007), pero que no hablan de un cambio en la sociedad. No solo existe una tolerancia dentro del ámbito masculino, sino que también alcanza a las familias de las víctimas, que apenas firman el 2% de las denuncias.

La implicación de los hombres

El profesor Neira, brutalmente golpeado al defender a una mujer que estaba siendo maltratada, se ha convertido en un símbolo de ese compromiso ciudadano, que ya tenía el ejemplo doloroso de Daniel Oliver, el universitario valenciano que perdió su vida al ayudar a una chica acosada por su novio. Sin embargo, la misma etiqueta de héroes confirma que tales actitudes no abundan. Así lo subraya la última campaña del Ministerio de Igualdad, que busca la complicidad masculina para aislar socialmente a sus congéneres violentos con un mensaje rotundo: «Cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre».

Pero no es fácil, como afirma el experto australiano Bob Pease, que aclara que su rechazo no implica una intervención activa. De hecho, añade, «la mayoría de hombres no violentos no se enfrenta a otros que lo son». De ahí la advertencia de los grupos españoles de Hombres por la Igualdad contra el «inaceptable nivel de tolerancia social» de la cotidiana marginación femenina que sirve de caldo de cultivo al maltrato: «Es intolerable que todavía tantas mujeres sigan siendo agredidas, sometidas, acosadas, discriminadas, ninguneadas, y permanecer indiferentes, callados o, a lo sumo, algo preocupados».