La tensión por la situación que atraviesa el PP se vivió no solo en la sede de Génova, sino también en la calle. A la llegada del presidente fundador, Manuel Fraga, un simpatizante de los populares lo acusó de traicionar los principios del partido y lo instó a dejar paso a otros dirigentes. Después de un momento de sorpresa, Fraga preguntó «¿Quién es este cretino?», tras lo cual fue ayudado a entrar en el edificio del PP para evitar más discusiones.
La cita se preveía tensa por ser la última del comité ejecutivo antes del congreso de junio y por la presencia de muchos de los dirigentes más críticos con Rajoy. Y no defraudó las expectativas. La reunión fue de las más largas que se recuerdan, más de cuatro horas, y hubo muchos turnos de palabra de uno y otro signo, en los que el tono sosegado no estuvo reñido con la excepcional dureza y sinceridad de los discursos.
La tensión se vivió también a la salida de líderes. Ruiz-Gallardón, que como Aguirre se marchó antes del final, recibió un golpe en la cara de una de las muchas cámaras que trataban de recoger sus palabras.