«La situación es complicada porque las cosas no van bien, pero no se ha tocado fondo». La frase de un dirigente del PP expresa la tensión interna y la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en el futuro. Cada vez son más los que opinan que la renovación del partido no será creíble mientras la lidere Rajoy, un hombre que lleva 27 años ocupando un cargo público. Pero muchos consideran también que un relevo en junio sería precipitado y que si Rajoy diera ahora la espantada, el PP se sumiría en el caos. ¿Qué hacer?
Dirigentes populares opinan que la situación empieza a parecerse a la de 1989, cuando Fraga retiró el liderazgo a Hernández Mancha y tras recibir en Perbes a cuatro destacados dirigentes (Cascos, Rato, Trillo y Lucas), entregó el partido a Aznar.
El momento es muy distinto y Fraga, a pesar de su repentina locuacidad, fruto del desorden que observa, ya no tiene ese poder. Ahora es a Aznar a quien miran los que creen que hay que hacer algo. El ex presidente se resiste a intervenir, pero ha recibido en su despacho a todo aquel que ha querido hablar con él, entre ellos Zaplana. En este momento solo un candidato que contara con el beneplácito de Aznar tendría una posibilidad de disputarle el congreso a Rajoy.
Pero ante la comprobación de que el líder del PP ha sabido jugar sus cartas convocando de inmediato el congreso para impedir que fructifiquen candidaturas y alianzas en su contra, los más convencidos de que es necesario un golpe de timón empiezan a buscar otras salidas.
Esperanza Aguirre no logró concitar apoyos suficientes, entre otras cosas porque resulta difícil hacer creer que una persona de 56 años y que ocupa un cargo público desde hace 25 pueda representar la renovación. Pero ha habido otros intentos. El primero fue el de un grupo de diputados que propuso a Zaplana liderar el asalto a Génova. Pero este no lo vio claro, recogió velas y saltó a Telefónica. El segundo intento de crear al Zapatero del PP fue de otro grupo que planteó al ex alcalde de Vitoria y ahora diputado Alfonso Alonso (41 años) encabezar una lista alternativa a la de Rajoy en el congreso. Pero Alonso tampoco lo vio claro y desistió.
Acebes y Chikilicuatre
El último en el que el grupo de críticos con Rajoy tiene puestas sus esperanzas es Gustavo de Arístegui. Diputado por Zamora, de 44 años, se había caracterizado por su seriedad y prudencia. Pero en los últimos días es el más beligerante con Rajoy y multiplica sus apariciones públicas. Ayer dejó esta frase sobre el congreso de junio: «Rajoy, que es una persona extraordinariamente sólida, extraordinariamente solvente, con una demostradísima experiencia en política, si tuviese de número dos a Chikilicuatre y su guitarra, le garantizo que no lo votaría nadie». ¿Se está midiendo Arístegui?