«Me habéis dado la legislatura»

ESPAÑA

Relato de la noche en la que Rajoy, atrapado entre el pulso público de Gallardón y el órdago privado de Aguirre, descartó a ambos y les echó un rapapolvo por su ambición

20 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«¡Estoy harto de vosotros dos, me habéis dado la legislatura!», exclama Rajoy. Acaba de comunicar a Gallardón que no va en su candidatura por Madrid. Es su decisión final a un culebrón que no tiene nada que envidiar a Falcon Crest. Hay ambición, intriga, secretos y un desenlace sorprendente.

El alcalde había enseñado cándidamente todas sus cartas: por encima de todo, quería estar en la lista al Congreso por Madrid, para «ayudar a Mariano». Una y otra vez lo reiteró en público, lo que equivalía a plantear un pulso a su presidente. Su acérrima «cordial» enemiga, la autoproclamada «lideresa nacional», Esperanza Aguirre, se había declarado en contra, pero escondió el comodín que le daría una victoria pírrica. Solo se lo había mostrado, hacía un mes, a quien correspondía, a Ángel Acebes. Este se lo trasladó a su jefe.

Esa carta oculta ganadora es un órdago (¿un farol?) en toda regla: si Gallardón va en la lista, ella también. Sabe muy bien que para ello debe renunciar a la presidencia de la comunidad. A dos meses de las elecciones, Rajoy está atrapado entre el pulso público y el órdago privado.

Lunes por la noche. Una emisora de radio descubre el juego de Rajoy antes de tiempo. Manuel Pizarro será su número dos por Madrid. Es un duro golpe a la estrategia que tenía preparada. Ya ha decidido excluir a Gallardón, pero quería anunciarlo antes de que se supiera la identidad de su fichaje estrella.

El alcalde no sabe nada de la jugada maquiavélica que le tienen preparada. Nadie pone en duda que estará en la lista, aunque su líder no le ha dicho nada al respecto. Por la tarde, Acebes los convoca para las ocho de la noche en la séptima planta de la calle Génova. Gallardón llega tranquilo. Está convencido de que Rajoy no le dará un no por respuesta. Sabe que en la reunión estará Aguirre. No le importa: la habrá llamado como presidenta del PP de Madrid para que conozca de primera mano su decisión. Le ha dicho a su mujer, Mar Utrera, que vaya al estreno de Tristán e Isolda, de Wagner, en el Teatro Real. «Llegaré en el intermedio», le comenta. Son las ocho y media, y los cuatro protagonistas están sentados en la mesa donde se celebran los famosos maitines. A un lado, Rajoy y Acebes. Enfrente, Aguirre y Gallardón. A partir de aquí hay tantas versiones como participantes. Pero con todas ellas se puede hacer un relato verosímil de lo sucedido.

Gallardón, sorprendido

Rajoy desvela primero que la presidenta también se le ha ofrecido para ir en su lista. Gallardón se queda lívido, no sabía nada de la postulación de su rival. El líder del PP va al grano. «Os lo agradezco, pero creo que lo mejor para el partido y para que me ayudéis a ganar las elecciones es que sigáis en vuestros puestos», sentencia. Acto seguido les echa un rapapolvo. La tensión aumenta...

El alcalde, atónito, reacciona y trata de hacer valer su currículo. «Llevo 16 años de mayorías absolutas seguidas, creo que puedo ayudarte», le dice. Aguirre contraataca: «Yo he logrado los mejores resultados de la historia del PP en Madrid. Creo que los dos deberíamos quedarnos en nuestros puestos, pero si crees que es bueno que estemos en la lista, estoy dispuesta». El alcalde se da cuenta de lo que pasa y exclama. «!Esto es una trampa, una encerrona!».

La decisión es incontestable. Gallardón, muy enfadado, trata de hacer valer que lleva 30 años en el partido, que su padre fundó AP y que él fue su secretario general con Fraga, lo que le da las credenciales para que no le nieguen lo que pide. No hay nada que hacer. Y suelta su propia bomba: «Después del 9 de marzo, dejo la política. No lo diré hasta después de las elecciones». Le promete en tres ocasiones que no va a hacerlo público hasta entonces. Acebes, alarmado, trata de recomponer la situación y de que se pacte una explicación de la decisión, con la que Aguirre dice estar de acuerdo. Gallardón no quiere pacto y se va. Ambos coinciden en el ascensor. La presidenta le dice: «No te pongas así, no sé por qué te quejas. Si Mariano gana tú puedes ser vicepresidente o ministro, si pierde estamos en igualdad de condiciones».

Los dos corren a contárselo a sus diarios de cabecera.