La oculta Ribeira Sacra del Cabe

Cristóbal Ramírez

LUGO CIUDAD

La presión de un grupo de vecinos consiguió que no se construyera una carretera por las riberas del río, lo cual ha salvado un bosque espectacular

17 abr 2010 . Actualizado a las 21:46 h.

La Ribeira Sacra, ese bosque que parece interminable y en el que se refugiaron cientos si no miles de eremitas en la Edad Media, se ha convertido en la práctica en una marca. El hecho de que hayan abierto las puertas varios ?que no muchos? establecimientos hosteleros de lujo le ha dado un gran impulso. Y Ribeira Sacra se asocia a los cañones del Sil, a los paseos en catamarán por el río y, por desgracia, a polémicas porque alguno quiere hacer ahí su agosto agujereando montañas y cambiando el hábitat en nombre de la producción de energía hidráulica. Pero esa es otra guerra.

El caso es que el personal identifica la Ribeira Sacra primero con la del Sil, esa que comparten Lugo y Ourense. Y después, con la del Miño, más suave, igualmente con restos de aquel pasado ermitaño reconvertido en monacal por necesidades del guión. ¿Y la del Cabe? Pues, sencillamente, por emplear una expresión coloquial, la conocen cuatro.

El Cabe se define como un río que, para lo que es Galicia, se presenta relativamente largo: 56 kilómetros desde su nacimiento en el municipio de O Incio hasta que muere en el Sil. Es ese que salva un puente medieval en Monforte de Lemos, integrante hoy de una zona de ocio. Pero de repente el Chalibe, que así lo llamaban los romanos, se embosca, se ve obligado a luchar contra las montañas y corre rápido y apretado buscando una salida a la desesperada. Cierto es que no abundan los cenobios, pero en belleza compite con el Miño y el Sil. Y una ventaja: el viajero va a encontrarse con poca gente.

Como resulta fácil de deducir, se trata de un entorno natural que se puede conocer siguiendo un sendero señalizado en su totalidad, aunque solo es la primera parte la que discurre por esta zona. En esencia, se trata de plantar los reales en la aldea de Rosende, un ejemplo de contraste: junto a edificios nobles y que se merecen un sobresaliente hay ladrillo a la vista en paredes poco cuidadas. Distintos propietarios, distintas estéticas. Pero así y todo Rosende es un campamento base estupendo, entre otras cosas porque allí espera la impresionante Casa Grande de Rosende, con Manolo y Paulova al frente y la amable María Luisa llevando el día a día. Un lugar, desde luego, bien cargado de historia.

Desde el Campo da Festa local parte esta senda que bordea la mencionada Casa Grande y en Albarán se mete por su pequeño camino de servicio para los viñedos, y que puestos a decirlo todo parece que se va a precipitar sobre el estrechísimo valle que forma el río Cabe, en algunos puntos un mero tajo. Ahí aparece una pequeña desviación que conduce hasta Areas, abajo de todo. Esa es la zona señalada por la tradición oral como la preferida por los ermitaños. Acabando de recorrer las tierras altas del Cabe procede buscar Portizó y Hortás, con buenas muestras de arquitectura, y aprovechar otro desvío para conocer la rectoral de Anllo, un palacio con aires renacentistas italianos. A partir de ahí la ruta ya busca el Sil, para llegar a él justo donde se encuentran los embarcaderos para los viajes turísticos. Y una curiosidad final, si bien no única en Galicia. Por las aguas del Cabe nadan truchas, claro, carpas y bogas, y algún despistado black bass. Sin comentarios.