En Galicia se ha triplicado el número de personas que venden oro al tiempo que aumentan los negocios especializados en su compraventa.
13 jun 2011 . Actualizado a las 17:45 h.El oro ha despertado siempre cierta veneración. El metal amarillo mantiene su vigencia desde hace siglos, y conserva una solidez ajena a las conveniencias del poder. Durante este tiempo ha asistido a la caída de gobiernos y al colapso de monedas. Por ello, se erige como un valor refugio ante la volatilidad de los mercados, y un caldo de cultivo perfecto para sobrellevar la crisis.
En un escenario macroeconómico como el actual, es visto con buenos ojos tanto por grandes inversores como por el ahorrador más común. Así, son muchas las familias que buscan liquidez en el metal y se suman a esta nueva forma de fiebre amarilla.
La ostentación a la que está asociado contrasta con la discreción de la trastienda donde se genera su negocio. En ella, se soterran dramas, pero también nuevas fórmulas de inversión. En los últimos años hemos asistido a la proliferación de un tipo de negocio basado en su compraventa. Estas empresas pertenecen tanto a particulares como a grandes franquicias, y todas responden a un mismo patrón. Grandes letreros en amarillo y negro anuncian dinero inmediato a cambio de oro. Se sitúan generalmente en esquinas o calles estratégicas de las ciudades y se postulan como una alternativa ante la crisis.
En Galicia se ha triplicado el número de personas que acuden a vender oro al tiempo que aumentan los negocios especializados en su compraventa. Fernando Illanes es uno de los muchos empresarios que se establecieron en A Coruña movidos por el auge del sector. Al frente desde febrero de uno de los locales de la cadena La milla de oro, piensa que la gente acude a vender sus joyas movida «no tanto por la crisis, sino por el precio del oro que ha triplicado su valor». Asegura que no hay un perfil del cliente habitual: «tenemos gente desde 18 hasta 70 años», explica. En cuanto a las piezas más comunes, tampoco hay mucho filtro: «las rupturas de parejas motivan la venta de alianzas, pero te encuentras de todo: pulseras, relojes, bandejas y todo tipo de cubertería» buscan el mejor precio de forma rápida e inmediata.
Para vender un objeto, «el cliente tiene que ser mayor de edad. Presenta su DNI y firma un contrato en el que constan los datos de la pieza y el precio que se obtiene por su venta», explica Illanes. «Las piezas no se pueden vender en 15 días», que es el plazo estipulado para garantizar que no se trata de un objeto robado. Si se detecta, la «Policía Nacional incauta el material y el dinero normalmente no se recupera», afirma el empresario.
En la misma calle Ramón y Cajal de A Coruña, a pocos metros de La milla de oro, se encuentra otro establecimiento de compra venta. Roberto Carballo lleva en él desde enero, y afirma que este tipo de negocio es «un trabajo cómodo» pero «no es la lotería que muchos piensan. Hoy la gente mira en varios sitios antes de vender, porque la competencia es enorme», asegura. La crisis lo llevó a reorientar su carrera profesional y vio en el negocio una oportunidad. Coincide con Fernando en que no hay un perfil de cliente y afirma que muchas veces deja de comprar «ante la duda». Asegura que han aumentado mucho las estafas. «Hay que tener cuidado porque ya me he encontrado pulseras rellenas de cobre o incluso con alfileres».
En el local que regenta, entra una señora con una pulsera y varios anillos y pide presupuesto. Roberto limpia el material, lo comprueba y lo pesa: «21 gramos», dice. El precio que le ofrezca variará en función de la calidad del oro y el número de piedras que tenga incrustadas. «Con la limpieza quedará sobre 20 gramos». En este caso le ofrece 19,50 euros el gramo y la clienta acepta el trato. «Al principio sí que se notaba cierta vergüenza en la gente que acudía a vender oro, pero ahora se toma como una solución rápida para pequeñas deudas y es siempre un valor seguro», afirma Roberto.
El futuro de este mercado es una incógnita. Muchos expertos pronostican que los yacimientos tocarán fin en 20 años; otros, le auguran futuro mientras la economía no esté saneada. Activo refugio, oportunidad ante la crisis, o incluso burbuja lo cierto es que de momento supone una solución para muchas familias que tiran de la herencia para conseguir dinero inmediato, y se ha postulado como una renovada fórmula de inversión.