El Mundial se cuela en la trascendental cita semestral de la economía global

Silvia Ayuso TORONTO/AFP.

ECONOMÍA

28 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Barack Obama obligado a vestir la camiseta de la selección de Ghana y a beber una cerveza inglesa. Angela Merkel y David Cameron sentados juntos (¿casualidad o venganza diplomática?) en la mesa de duras negociaciones, mientras sus equipos se enfrentan en el Mundial de Sudáfrica. Semblantes serios también entre otros compañeros obligados de mesa: los mandatarios de Argentina, Cristina Fernández, y México, Felipe Calderón, unidos en la lucha por que la voz de los países emergentes sea más escuchada por sus vecinos ricos, pero lejanos ante el choque de sus selecciones.

Puede que la cumbre del G-20 tenga como objetivo fijar las estrategias coordinadas para sacar al mundo de una vez de la crisis global. Pero los nervios, las caras serias y las miradas constantes al reloj y al teléfono móvil en espera de resultados no eran precisamente para saber el transcurso de las negociaciones, sino para conocer los resultados de los partidos del Mundial que, definitivamente, ha marcado su mayor gol político en Toronto.

Sin partidos pendientes

Más relajados se mostraban José Luis Rodríguez Zapatero, y el ministro de Economía brasileño, Guido Mantega. No solo son sus países grandes favoritos en Sudáfrica. Más importante aún para este encuentro en Canadá: no tienen partidos pendientes que les puedan restar concentración.

Por lo que trascendió del centro donde se reúnen los mandatarios alejados de la prensa, Sudáfrica se estaba llevando la atención inmediata. La canciller alemana incluso anunció su intención de ver el segundo tiempo del partido -la primera parte cayó en medio de las deliberaciones iniciales de la cumbre y ante las cámaras- junto al primer ministro británico en una sala separada.

La víspera, entre reunión y reunión, Obama logró hallar una habitación con una televisión que mostraba el partido, que en esos momentos era de 2-1 en contra de Estados Unidos en el agónico tiempo extra ante Ghana. «¿Cuánto tiempo falta?», le preguntó a su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, al entrar en la sala. «Cinco minutos». «Esto destroza los nervios», dijo Obama.