Todo tipo de especies sucumben por los efectos de las detonaciones en el mar
07 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Pan para hoy y hambre para mañana». Esa es la forma en que un marinero de Portosín resumía esta semana el efecto que tiene la pesca con explosivos en un sector como el del cerco. La frase la suscriben totalmente las investigadoras del Instituto Español de Oceanografía (IEO) de Vigo Isabel Riveiro y Begoña Santos, unas especialistas que hablan de los efectos devastadores de este tipo de prácticas en el medio marino. «Es un método totalmente indiscriminado que acaba con todo lo que hay alrededor, desde otras especies como pueden ser sargos o lubinas hasta el fitoplancton o el zooplancton. Es algo semejante al efecto de una explosión en superficie», explican. Por eso, en caso de que un submarinista pudiera acceder al fondo tras una de estas detonaciones podría encontrarse fácilmente con una imagen parecida a la de un gran cementerio marino.
Porque el efecto que producen en el mar es doble. «Implica un importante perjuicio para el medio ambiente y también para la población de sardina. Una de las peores consecuencias que conlleva es la destrucción de las huevas porque son muy sensibles a cualquier tipo de movimiento», apuntan las investigadoras.
Hacer cálculos sobre la cantidad de sardina que acaba quedando muerta en el mar es una labor complicada. Aunque el volumen de pescado que se tira puede ser, en muchos casos, mayor del que finalmente llega a las lonjas tras ser capturado con ese método.
El examen del estado en el que llegan los peces que acaban en puerto es uno de los métodos que se manejaron en algún momento por los investigadores encargados de la persecución de esta práctica. Pero nunca llegó a aplicarse. «El pescado que realmente está estropeado lo tiran al mar o lo ocultan», apuntan las investigadoras del IEO.
Porque los peces afectados de lleno por la dinamita no se pueden comer. La sardina es una especie pelágica que se desplaza en bancos y vive a una profundidad que varía entre los diez y los cien metros. El uso de explosivos (dinamita, gelamonita o pólvora) provoca una onda expansiva que revienta a todas las especies que están en las proximidades de la zona en la que se produjo la detonación y que produce efectos de lo más variado en las que están un poco más alejadas.
La distancia que alcanza la onda varía en función de cómo y dónde se haya arrojado la dinamita o el cartucho de pólvora. «Porque no es lo mismo que se haga en una zona de roca donde la onda puede rebotar que en mar abierto», apuntan las investigadoras.
El efecto de la onda expansiva es lo que aprovechan los marineros, porque deja aturdida a la sardina, un animal que recorre los océanos a velocidades de vértigo. La onda rompe el oído de la sardina y, en consecuencia, pierde el equilibrio. También les rompe la vejiga natatoria, lo que hace que suban a la superficie y que sea mucho más fácil atraparlas.