Dos días después de activar las alarmas con una subasta de letras a 12 y 18 meses, que el propio Gobierno calificó de «floja», el Tesoro logró colocar ayer en el mercado bonos a diez años por valor de 3.520 millones, por encima de los 3.500 fijados en principio como tope máximo. Eso sí, a un precio más elevado que en la anterior puja: un 4,074%, frente a un 3,8%. La rentabilidad de la deuda alemana -considerada como la más segura por los inversores- está en el 2,79%, lo que supone un diferencial de 128 puntos básicos.
En cualquier caso, ya se esperaba que la emisión de deuda a diez años se topara con menos problemas que la de las letras a 12 y 18 meses. Y es que, la crisis fiscal desatada por los problemas de Grecia está concentrando los temores de los inversores en la deuda a corto plazo, mientras que mantienen cierta confianza en los títulos que vencen más allá del 2015.
Con todo, los analistas advierten de que España está en el punto de mira y que quedan muchas subastas por celebrar, que, sin duda, van a convertirse en pruebas de fuego continuas.
La puja celebrada ayer por el Tesoro español era la primera que se hacía en territorio europeo desde que Alemania sorprendió a todos con su decisión unilateral de prohibir las ventas al descubierto sobre la deuda soberana de la eurozona.