Con el hundimiento de la Bolsa todavía resonando en sus oídos, el Ejecutivo prefirió no someter en caliente su propuesta de reforma laboral al juicio de los inversores. Y no realizó ningún anuncio hasta que los mercados hubieron cerrado sus puertas.
De ahí que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, se negara por la mañana a ofrecer detalles de las medidas aprobadas por el Gobierno. Se limitó a asegurar que la reforma giraría en torno a cinco objetivos: favorecer el empleo, reducir la dualidad en la contratación y la temporalidad, aumentar las oportunidades de encontrar un trabajo, aumentar la flexibilidad interna de las empresas y fomentar la ocupación de los jóvenes con menor formación. Un proceder el de la vicepresidenta completamente inusual que esconde la inquietud que, sin duda, ha generado en las filas del Ejecutivo el varapalo sufrido el jueves por la Bolsa española, que ese día se arrogó el dudoso honor de ser el foco de la tensión que recorrió las plazas mundiales.
El veredicto de las inversión llegará este lunes.