La vida en Fadesa después de la concursal

ECONOMÍA

La mayoría de los despedidos por la empresa en A Coruña están en la treintena, acaban de tener a su primer hijo, son titulados universitarios y cobrarán en torno a 20.000 euros de indemnización

10 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La mayoría de los 72 empleados que Martinsa-Fadesa despedirá en septiembre se acercaban a la universidad durante 1992. Ese verano pudieron fantasear con su futuro al tiempo que veían los Juegos Olímpicos de Barcelona. Es más que probable que durante este mes de agosto vuelvan a repensar sus planes ante un televisor que retransmita las competiciones de China. Eso sí, ya con otras fuerzas y en su propia casa.

Una parte muy importante de los 72 despedidos -más de 40- tienen entre 28 y 33 años, son licenciados o diplomados, acaban de tener su primer hijo o de casarse y cobrarán unos 20.000 euros de indemnización. La crisis de la primera inmobiliaria de España se ceba con la generación del 76, con los que comenzaron con sueldos de mileuristas y que tuvieron una niñez en la que oían como sus mayores equiparaban la cola del paro con la ventanilla de los imposibles, porque apretaba la primera crisis que les tocó vivir, la de los años ochenta.

Delineantes despedidos

En la sede coruñesa de Martinsa-Fadesa algunos departamentos serán fantasmas. Es el caso del creativo. Solo tres delineantes se quedan en plantilla y 38 abandonan la empresa. Todos son menores de 30 años y son más que pesimistas con su futuro en el sector de la construcción. Por eso, la mayoría sopesa seriamente volver a las aulas, reciclarse y probar suerte en campos que no acusen tanto la crisis, como el textil.

«Aunque sea trágico que esto le pase a la generación española mejor preparada, también ahí residen nuestras posibilidades, podemos reconducir nuestra carrera con la formación adecuada», explica una de las trabajadoras, que se niega a dar su nombre o datos que puedan identificarla, al igual que la mayoría de los que engrosarán el expediente de regulación. A ninguno le apetece aparecer bajo el epígrafe de parado, porque es muy mala prensa para la imagen que pretenden vender en sus currículos. «Es el fin de una etapa, de un trabajo, nada más», zanja otra afectada. Los delineantes de Martinsa-Fadesa que se quedan en el paro son, precisamente, los que ilustran mejor el periplo de estas víctimas de la crisis. Ahora y hace un año, cuando el trabajo comenzó a desaparecer de sus mesas, porque la promotora ya no iniciaba nuevas obras, solo vendía lo ya proyectado.

Las dependencias del departamento de patrimonio también se quedarán vacías. Solo habrá un trabajador, cuyo cometido seguirá siendo velar por los negocios hoteleros y los campos de golf, el área de negocio que hace meses tenía más proyección de la empresa.

Capataces

El personal de obra es el más desesperanzado. La compañía despide a 12 capataces y, además, son los mayores. Fuentes del comité de empresa reconocen que este es uno de los grupos que más le preocupa, porque su recolocación puede complicarse. De hecho, dos de los afectados rondan los 50 años y su carrera siempre ha estado vinculada a la construcción.

En la sede de A Coruña no habrá despidos de directivos porque casi todos fueron traslados hace meses a las oficinas de Madrid. Allí también se esperan bajas gallegas, concretamente de dos empleados de alta cualificación que aceptaron el cambio de destino y aun así no podrán esquivar el finiquito.