El número dos de Gescartera acusa a Camacho de intentar responsabilizar a un muerto de la pérdida de dinero

P. Allendesalazar

ECONOMÍA

27 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Todos contra el jefe. El número dos de Gescartera, José María Ruiz de la Serna, se sumó ayer a la estrategia de la presidenta de la entidad, Pilar Giménez-Reyna, y culpó al propietario de la entidad de todos sus males. «El único organigrama que había allí era Camacho y punto», clamó. El acusado sostuvo que el accionista mayoritario utilizaba fondos de la sociedad para otros negocios particulares, y le acusó de ser el único de los procesados que pudo llevarse el dinero de los clientes.

Camacho y Ruiz de la Serna son los principales acusados por el escándalo financiero de Gescartera. La Fiscalía sostiene que ambos «ordenaban la actuación» presuntamente fraudulenta de la agencia de valores. Quizá por ello sólo coinciden en un cosa: la culpa de todo la tiene el otro. El director general de la sociedad sostuvo que detectó en 1999 un «desfase» entre el dinero depositado por los clientes y el que aparecía en las cuentas corrientes. «Nos hizo creer a toda la empresa, no sólo a mí, que el dinero estaba en cuentas en el extranjero», rememoró.

El acusado se mostró convencido de que «tiene que haber cuentas distintas» a las conocidas en las que se ingresaban fondos de los clientes de la agencia de valores. Es allí, dijo, donde Antonio Camacho oculta más de 90 millones de euros, cantidad muy superior al agujero de 50,2 millones consignado por los peritos del Banco de España y la Agencia Tributaria. «Que me llamen ladrón nunca ha sido de agrado para mí», aseveró con forzada indignación.

Ruiz de la Serna demostró un gran resentimiento contra Camacho, al que en ningún momento se refirió por su nombre propio, al contrario que con el resto de los implicados. Calificó su relación como una «amistad traicionada» y le acusó de ser un fabulador. «Primero dijo que me llevé el dinero a Estados Unidos; luego que lo perdió su padre y me pidió que dijera lo mismo, a lo que me negué porque era mentira y suponía faltar a un difunto; después que los directivos hicimos una merienda de negros y él no se enteró de nada, y al final, que estaba sacando la empresa adelante buscando usureros», recapituló.

El número dos del entramado mantuvo que la sociedad no perdió ni un euro de sus clientes y negó haberse apropiado de 2,76 millones mediante el cobro de cheques al portador. También acusó a Camacho de asignar pérdidas millonarias a algunos clientes, como el sacerdote conquense Teodoro Bonilla.