Decía Bruno García sobre la joven e inexperta plantilla del Azkar antes de comenzar la pasada temporada: «No le pongo un techo a este equipo, sería limitarlo». Es solo un detalle sobre el carácter competitivo que el ya ex entrenador pronista pone en cada uno de sus actos. Un competidor nato que siempre se dejará hasta la última gota del esfuerzo en busca de la victoria. Un carácter cimentado en los tatamis, pues antes que técnico de prestigio fue yudoca de éxito, e internacional con España. Y que ha podido disfrutar la afición pronista las últimas cuatro temporadas.
El cambio vivido por el Azkar con Bruno García ha sido radical. Él ha dirigido la transición desde un equipo creado a golpe de talonario, a otro en el que tomaron el protagonismo la cantera y los jóvenes con futuro.
En su primer año, guio a aquel plantel de los Paulinho, Fernandinho, Toni, Riquer, Werner, Marcelo y compañía hasta el quinto puesto de la Liga regular. Un hito incuestionable en la historia del club. Después, el potencial, en cuanto a figuras, comenzó a recortarse. Las estrellas dejaron paso a futbolistas con menos nombre, pero a los que el técnico siempre sacó el máximo rendimiento. En sus dos años siguientes, rozaron entrar en el play off, novenos. Y esta última campaña, marcada por las lesiones, metió al Prone en semifinales de la Copa del Rey y lo salvó antes del final.