Suele decirse que hay dos tipos de especialistas en ganar al esprint: los que usan a su equipo para montar un tren, a tal velocidad que impide que otros equipos se pongan en la punta, hasta que lo dejan en cabeza y remata la faena; y los que se aprovechan del trabajo de otro equipo para pegar un zarpazo y remontar en lo últimos metros a varios ciclistas rivales. Mario Cipollini es el mejor ejemplo del primer supuesto. Y otro italiano, Ivan Quaranta, del segundo; por algo se le apodaba el Guepardo, estaba dotado de una fantástica aceleración que le permitía dejar atrás a los vagones del tren.
Pues bien, Mark Cavendish, con un físico similar al de Quaranta -bajito y musculado- aúna los dos tipos de esprínter. En este Tour ya lleva dos etapas y cada una ha sido de una manera. La de ayer fue de libro, con una recta tan larga que sus compañeros Goss y Renshaw (uno ganador de la Milán-San Remo 2011, el otro campeón del mundo en pista) se pusieron a tal velocidad que los rivales que intentaron adelantarlos sucumbieron, gracias a lo que el británico (de la isla de Man, famosa por la peligrosa carrera de motos por sus carreteras) solo tuvo que mantenerla cuando lo dejaron en la punta. A sus 26 años ya lleva 17 y todo apunta a que superará las 34 de Merckx, el líder del ránking de etapas en el Tour.