No hay mal que cien años dure

DEPORTES

03 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El seguidor deportivista es incapaz de evitar, en algún momento a lo largo del día, esa sensación de tristeza familiar en los aficionados al fútbol cuando pierde su equipo. Cierto que toda derrota deja un poso de amargura, pero es verdad también que esa tristeza se borrará ganando el próximo partido. Ahora es diferente y, por muchos años que uno lleve militando en las filas del deportivismo, el duro golpe se acusa claramente. De nada sirve llevar sobre las espaldas nueve descensos anteriores. Cuando se sufre el último, queda uno aplanado.

Esto le sucede ahora al deportivismo, y no queda más remedio que superarse. El fiel seguidor seguirá al lado de su equipo, al tiempo que abrirá los ojos para ver las gestiones que se realizan desde el club para devolver al Deportivo a Primera, misión que nunca es fácil tras un descenso, aunque en el entorno coruñés ya se escucha decir que será cosa de una temporada.

El dolor por el descenso acrecienta la ansiedad del seguidor, que quiere conocer pronto los refuerzos con los que contará el equipo para ese intento de volver por la vía rápida a la categoría perdida. Tal ansiedad es la causa de la tristeza a la que nos referimos al comienzo de este comentario. Tristeza que será alegría cuando se ponga en marcha la nueva temporada y el Deportivo comience ganando partidos y sumando puntos para su retorno. En tanto esto no llega, tengamos resignación recordando el refrán: «No hay mal que cien años dure».