El primer set de Roland Garros

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El primer set de un hipotética final de Roland Garros es para Novak Djokovic. Ya era invencible este año, pero el serbio recibió ayer un tremenda inyección moral al vencer a Nadal cuando partía con todo en contra. Porque la letra pequeña del partido añade dificultades a las que ya entrañaba. El título de Roma se discute sobre tierra batida, pero no en idénticas condiciones a las de Madrid. El tenis al nivel del mar en la capital italiana, donde la pelota no se aviva tanto, ralentiza algo el juego, igual que la humedad de una pista mojada horas antes, como la de ayer. Y el serbio afrontó la final después de una exigentísima semifinal ante Murray.

En esas condiciones ofreció Djokovic un recital similar al del resto de su año triunfal. Nadal estuvo impreciso, por el número de errores y las situaciones en las que llegaban fallos impropios de su patrón habitual. Pero es que no encontraba una sola manera de detener el vendaval serbio, como le lleva sucediendo en los últimos meses. Cuando templaba el juego con puntos a fuego lento, se veía desarbolado por la descarga del serbio, iluminado para jugar a las líneas. Así que el español necesitaba probar con un ritmo al que no está acostumbrado, y siempre amenazado por el serbio como si tuviera un mazo.

«¡Esto me está matando!», lamentó entre lágrimas Roger Federer en su discurso cuando Nadal llevaba en el 2009 su superioridad al cemento de Australia. Salvando las distancias, el mallorquín pudo entender ayer la impotencia del suizo. Porque ahora es él quien encontró una incomódisma piedra en el camino. Y de momento no ha encontrado la manera de apartarla.

Como su duelo se decanta por matices, solo cabe recordar que el título en Roland Garros se decide al mejor de cinco sets, el último reto pediente para un Djokovic que puede con todo.