En las vísperas de jugar en campo propio, lo normal es respirar confianza en ganar. El triunfo del equipo que juega en su casa se repite muchísimo, según demuestran las quinielas. Es así y basta conocer lo que dicen un día sí, y otro también, los hombres de Lotina quienes acostumbran hacer promesas que luego no cumplen. Prometen ganar al Mallorca. También en vísperas del Levante, y después saltó por el aire el castillo de las ilusiones blanquiazules. Claro que eso fue frente al equipo valenciano, llegado a Riazor en busca de una bombona de oxígeno y la encontró en el último minuto de un partido que mejor es olvidarlo.
El Mallorca viene con otro aire, si no de turistas, como sucede con la mayoría de quienes visitan aquella isla, sí que el grupo de futbolistas se muestra relajado, sin ese temor que agobia a los equipos de fútbol cuando prometen regresar a casa con el triunfo y lo que hacen es volver cargando con la derrota.
Preocupa el estado de nervios en que puede caer el equipo de Miguel Ángel Lotina si las cosas no empiezan rodando bien.
No parece ser un partido de dos caras pero, por si acaso, pidamos que salga la buena.