Tras 10 años de sequía, los Bulls luchan por el liderato de la Conferencia Este
14 mar 2011 . Actualizado a las 18:31 h.La amenaza inesperada. Los Bulls están de vuelta. Lejos del primer plano desde que Michael Jordan rubricó en Utah el sexto anillo en 1998, en Chicago sueñan con ser de nuevo la referencia del Este, con acercarse al equipo que dominó la NBA en los noventa. Por ahora, mantienen la pugna por la primera plaza del Este con Boston (47 triunfos y 18 derrotas), por delante de Miami. Ayer, los Bulls aprovecharon la visita de Utah (118-100) para celebrar los 20 años del primer anillo de su equipo. Todo un augurio.
La travesía del desierto después de que el mejor jugador de la historia les dejara huérfanos duró seis temporadas, de 1998 al 2005; una difícil transformación que incluyó un par de campañas con menos de 20 victorias. Después de tres años en play off, el 2008 marcó una aguda depresión de la que salieron con la sabia elección de Derrick Rose, el primer base en liderar un draft de la NBA desde Allen Iverson (1996). El efecto fue inmediato. Jerry Reinsford, propietario del equipo, apostó por uno de los suyos, por un jugador nacido en Englewood, uno de los barrios más peligrosos de Estados Unidos, muy cerca del United Center, la cancha en la que Jordan impartió gran parte de sus lecciones.
Derrick Rose nació y creció en los projects (viviendas sociales), en una humilde familia, sin padre, protegido por tres hermanos mayores y bajo el cobijo de su madre y su abuela. Ese es el origen del jugador que a sus 22 años, en su tercera campaña en la NBA, camina con paso firme hacia la elección de mvp al promediar 24,7 puntos (octavo anotador de la Liga) y 8 asistencias (décimo), el único jugador de la NBA que figura entre los diez primeros en ambos apartados y en la senda de Michael Jordan, que lo consiguió en la campaña 1988-89.
Mejor novato en el 2009, Rose formó parte del equipo de las estrellas del Este en el 2010, estuvo con Estados Unidos en el Mundial de Turquía (2010) y en febrero fue el primer jugador de los Bulls desde 1998 que conseguía ser titular en un partido de las estrellas. El anterior, cómo no, llevaba el apellido Jordan.
Englewood, siempre presente
Nueve tatuajes lleva grabados en su piel. El primero de todos, Englewood, el lugar que le gusta recordar cuando las cosas no funcionan. Al margen de la referencia a su familia y a sus orígenes, también homenajea episodios que lo alejan de las estrellas al uso y lo acercan a su pasado, como utilizar en su etapa colegial el número de Benji Wilson, un crac de high school de Chicago que murió asesinado a mediados de los ochenta con apenas 17 años, o el de Ronnie Fields, otro talento al que un accidente de tráfico truncó su carrera, que llevó durante su etapa en la Universidad de Memphis. Situaciones que le ayudan a recordar de dónde viene y que refuerzan una personalidad cercana y humilde.
Con Rose los Bulls comenzaron una transformación apuntalada con la llegada el pasado verano de Carlos Boozer. Un equipo joven y barato (el salario de la plantilla solo supera a otros cinco de la NBA), en el que también destacan el escolta Loul Deng y el pívot Joakim Noah, hijo del ex tenista francés.