El COB de esta temporada pasará a la historia del club y de la LEB Oro pero por una sucesión de hechos y registros negativos.
El carrusel de cambios con el consiguiente despilfarro de dinero sigue sin producir efecto positivo alguno ni en el juego ni en los resultados. La última derrota en Tarragona (80-73), ante un rival directo en la lucha por escapar del descenso le condena a rebajar su objetivo a la pugna por escapar de la última posición, o lo que es lo mismo, del descenso directo, como única meta para lo que resta de campeonato.
Los cobistas solo podrían librarse de cualquier peligro de descenso con un mínimo de diez victorias en los quince partidos de liga que quedan, algo que podría calificarse como un milagro.
La única nota positiva de la última derrota es conservar el average particular a su favor con Tarragona, lo que estabiliza la ventaja de los catalanes en cuatro victorias sobre los de Rafa Sanz, un margen en todo caso apreciable frente a un rival como el ourensano que solo ha sumado tres triunfos en sus primeras veintiuna contiendas de la presente campaña.
En el partido del pasado viernes, el equipo volvió a repetir los mismos errores, como las numerosas pérdidas de balón, la nulidad defensiva en fases del juego, la falta de un líder y de un director en pista o su incapacidad para poder ganar un final apretado, algo que ya sucedía en la etapa de Paco García y que Rafa Sanz en tres semanas de trabajo no ha conseguido variar ni un ápice. Se antojan como lastres complicados para una plantilla que no encuentra su equilibrio en la cancha.