Nuestro balonmano se rehízo de sus cenizas y, reivindicando su grandeza, puso el bronce como baluarte de perseverancia para ejemplo de futuras generaciones. Ganó el equipo, el grupo. Empezar un ciclo olímpico con el desastre de Croacia en el 2009 es un lastre mental difícil de olvidar para los que participaron de algo que sienten como la mayor vergüenza de nuestro balonmano contemporáneo. Desde entonces renunciaron a sus primas. Después vino el europeo de Austria y la selección volvió a luchar por los puestos de honor. Se había iniciado la remontada. La duda de este Mundial era comprobar si la recuperación era de fruto de un día o si estábamos preparados para pelear por el podio. Duda despejada. Bronce, jugadores en progresión y, sobre todo, juego con mucho margen de mejora.
La primera fase se empezó con dudas pero las remontadas de Alemania y Francia acabaron de asentarnos. La segunda fue impecable. Lástima que en semifinales nuestros porteros no tuvieran su día. El partido por el bronce no es de los que crean afición. Se jugó mal, pero en defensa supimos sufrir.
Dejando a un lado las polémicas por los seleccionados y el uso residual que se les dio a algunos, lo destacable es la eclosión de jóvenes como Gurbindo, Virán, Cañellas o Ugalde. Dieron una lección de trabajo defensivo que fue la clave del éxito. Iniciábamos el torneo con la eterna duda del lateral derecho. Tras lo visto la duda se traslada al lateral izquierdo. Necesitamos lanzamiento exterior, tenemos abundancia de centrales, pero necesitamos un diestro que acierte desde los nueve metros. Mientras no lo resolvamos el oro parece tarea imposible.
El Mundial fue de gran calidad e igualdad. Ninguna novedad táctica, juego muy estructurado y el uso generalizado de la defensa 6:0 entre los primeros clasificados, excepto el 5:1 de España. Desde el principo Francia dejó sin argumentos a sus rivales. Los aburría con su defensa y portero. Los mareaba en ataque con su juego colectivo no exento de creatividad y de calidad individual. Nos queda el consuelo que tanto en Austria como en Suecia somos los únicos que no han perdido con ellos.
Juan J. Fernández es profesor del INEF Galicia y vicepresidente de la Asociación de Entrenadores